Retiro de Adviento

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Alegres en la Esperanza

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Primer domingo de Adviento Ciclo B

San Marcos 13, 33-37

Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”.

Palabra del Señor.

Hoy iniciamos un nuevo ciclo litúrgico, que comienza con el Adviento, este tiempo previo a la Navidad, es de preparación para celebrar en la fe la primera venida del Señor, pero especialmente para el encuentro definitivo con Cristo cuando Él vuelva.

Jesús insiste con estar prevenidos y preparados, parece continuar con la tónica de los últimos domingos del ciclo anterior.

La Iglesia al comienzo del nuevo ciclo nos invita a poner la mirada en la meta, nos recuerda hacia dónde vamos, cuál es nuestro fin último, el encuentro pleno con el Señor, para el cual debemos estar preparados.

El texto es una invitación a estar atentos, ya que de nada sirve estar alarmados ante una venida futura, de la que no sabemos cuándo será, sino más bien lo que corresponde es ocuparnos atentamente en las tareas que se nos han encomendado, ya que desde la resurrección el Señor viene constantemente en los acontecimientos más simples de nuestra vida, y es en esos encuentros dónde debemos saber reconocerlo, para ello no debemos estar distraídos, recordemos las palabras del texto evangélico del domingo pasado.

Estas advertencias del Señor no debemos tomarlas con un espíritu alarmista y obsesivo por su llegada, su venida no debe provocar espanto, al contrario, si como Iglesia le pedimos cada vez que celebramos la Eucaristía: “Ven Señor”, El que vendrá nuevamente es precisamente aquél que se hizo uno de nosotros para que nosotros volviéramos a Dios, es el que nos ama con amor infinito, tanto que entregó su vida para que tengamos vida.

También está el peligro de caer en otro extremo, pensar que tarda tanto en volver que dejamos que nuestra fe se duerma y olvidamos este aspecto revelado por Cristo. Justamente porque no quiere que ni uno solo se pierda nos insiste con la necesidad de estar “prevenidos”, y la manera de estar preparados es ocuparnos en vivir lo que el Señor nos ha enseñado, nos es otra cosa que vivir los valores que nos propone en el Evangelio.

Un bendecido domingo para todos.

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

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COMENTARIO AL EVANGELIO

I Domingo de Adviento

CICLO B

3 de diciembre  de 2017

Adviento 1

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos      13, 33 – 37

Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”.

Palabra del Señor.

 

Hoy iniciamos un nuevo ciclo litúrgico, la Iglesia llama Adviento a este tiempo previo a la Navidad. Durante este tiempo nos preparamos para celebrar en la fe la primera venida del Señor, pero es especial preparación para la vuelta definitiva.

Este pasaje del Evangelio es el final del discurso escatológico (del fin de los tiempos), que cierra con esta parábola. Jesús insiste con estar prevenidos y preparados, parece continuar con la tónica de los últimos domingos del ciclo anterior.

Al encontrarnos con un texto del Evangelio que tenga esta temática al inicio mismo del año litúrgico parece un poco extraño, pero es que la Iglesia al comienzo del nuevo ciclo nos invita a poner la mirada en la meta, nos recuerda hacia dónde vamos, cuál es nuestro fin último, el encuentro pleno con el Señor, para el cual debemos estar preparados.

El texto es una invitación a estar atentos, ya que de nada sirve estar alarmados ante una venida futura, de la que no sabemos cuándo será, sino más bien lo que corresponde es ocuparnos atentamente en las tareas que se nos han encomendado, ya que desde la resurrección el Señor viene constantemente en los acontecimientos más simples de nuestra vida, y es en esos encuentros dónde debemos saber reconocerlo, para ello no debemos estar distraídos, recordemos las palabras del texto evangélico del domingo pasado.

Estas advertencias del Señor no debemos tomarlas con un espíritu alarmista y obsesivo por su llegada, su venida no debe provocar espanto, al contrario, si como Iglesia le pedimos cada vez que celebramos la Eucaristía: “Ven Señor”, ¿cómo puede ser que el saber que vendrá nos provoque angustia o miedo? El que vendrá nuevamente es precisamente aquél que se hizo uno de nosotros para que nosotros volviéramos a Dios, es el que nos ama con amor infinito, tanto que entregó su vida para que tengamos vida.

También está el peligro de caer en otro extremo, pensar que tarda tanto en volver que dejamos que nuestra fe se duerma y olvidamos este aspecto revelado por Cristo. En esta parábola no dice nada que pasa si nos encuentra dormidos, porque, evidentemente el objetivo es advertirnos sobre la necesidad de estar alertas, pero teniendo en cuenta las otras parábolas escatológicas, lo que puede suceder es que nos privemos de la fiesta del Reino definitivo.

Justamente porque no quiere que ni uno solo se pierda nos insiste con la necesidad de estar “prevenidos”, y la manera de estar preparados es ocuparnos en vivir lo que el Señor nos ha enseñado, nos es otra cosa que vivir los valores que nos propone en el Evangelio.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                          Sal 79, 2ac-3b. 15-16. 18-19

 

R. Restáuranos, Señor del universo.
Escucha, Pastor de Israel,
tú que tienes el trono sobre los querubines,
reafirma tu poder y ven a salvarnos. R.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano,
el retoño que tú hiciste vigoroso. R.
Que tu mano sostenga
al que está a tu derecha,
al hombre que tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu nombre. R.

 

 

XXXIV domingo durante el año Cristo Rey CICLO A

Mt 25, 31-46

“Jesús dijo a sus discípulos:

“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”. Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego dirá a los de la izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron”. Estos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?”. Y él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».”

Palabra del Señor.

 

En los dos domingos anteriores, Jesús nos dijo que debemos estar preparados para su venida y que cuando vuelva nos pedirá cuenta de los dones que se nos fueron confiados. Hoy al concluir el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo, se nos presenta la imagen del juicio final.

Jesús anuncia que un día, vendrá en su gloria como Pastor Rey y Juez, ante su presencia estará el mundo entero, donde dará en herencia la vida eterna a los que obraron el bien, y el castigo eterno a los que obraron el mal.

El Señor se compara a un pastor que separa las ovejas de los cabritos. El llamado se dirige en primer lugar a los que se hicieron merecedores del Reino, dándoles las razones por las que han recibido semejante herencia: tuve hambre, sed, era forastero, estuve desnudo, enfermo, preso, y en cada una de esas situaciones me atendieron.

Jesús no pretende dar detalles del juicio final, sino captar la atención de sus oyentes y moverlos a tener ciertas actitudes con el prójimo, las que podemos resumir en obras de misericordia, como enlazando su último discurso con el primero, “las bienaventuranzas”, donde los misericordiosos son llamados felices porque obtendrán misericordia. De este modo entendemos que la caridad cubre los baches de nuestros pecados.

Los herederos del Reino, parecen ignorar haber atendido al Señor en estas necesidades, y preguntan ¿Cuándo te vimos así?, y la respuesta no se hace esperar: cada vez que lo hicieron con uno de sus hermanos más pequeños. De esta manera Jesús, enseña que se solidariza con todo ser humano que está pasando por alguna necesidad, a tal punto que lo que se le haga a cada una de estas personas lo siente Él en su propia carne.

Al mencionar a los premiados y a los condenados, Jesús nos está enseñando que no da lo mismo “hacer” que “no hacer”, de modo que cómo vivimos esta vida tiene repercusiones en la vida eterna.

Por supuesto que no debemos recortar el Evangelio y quedarnos sólo con lo que Jesús nos enseña en estos quince versículos, la vida cristiana se traduce en actitudes de misericordia y mucho más. Hace cuatro domingos el Señor nos hizo un resumen perfecto de toda la Ley y los Profetas, y nos dijo que dos mandamientos son los más importantes: el amor a Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu. Y el amor al prójimo como a nosotros mismos. En la Primera carta de Juan leemos: si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve.

San Juan de la Cruz comprendió estas enseñanzas al decir: “en el atardecer de nuestras vidas seremos juzgados en el amor”.

Jesús no distingue si los menesterosos pertenecen a un pueblo determinado o no, si son de sus seguidores o no, tampoco dice nada sobre su condición moral, basta que estén en una necesidad para que Él se identifique con ellos.

 

Podríamos preguntarnos:

¿Qué actitud tengo cuando me encuentro con alguien que está pasando por alguna necesidad?

¿Intento darle una mano, si es que está dentro de mis posibilidades? Esto puede ser, a veces, poner a esa persona en contacto con quien puede encontrar como solucionar su problema. Otras veces lo que se nos pide es simplemente “escuchar”.

 

Que Cristo reine en nuestros corazones y purifique nuestra mirada para saberlo reconocer entre los que de una forma u otra entran en contacto con nosotros.

 

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

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COMENTARIO AL EVANGELIO

Cristo Rey

CICLO A

26 de noviembre  de 2017

Pantocrator. Duomo de Monreale, Sicilia, Italia

Pantocrator. Duomo de Monreale, Sicilia, Italia.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        25, 31-46

“Jesús dijo a sus discípulos:

“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”. Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”. Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Luego dirá a los de la izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron”. Estos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?”. Y él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».”

Palabra del Señor. 

 

Hemos llegado al fin del ciclo litúrgico, celebrando a Jesucristo Rey del universo la Iglesia contempla a Cristo que un día volverá con todo su esplendor a instaurar su Reino definitivo.

En los dos domingos anteriores, Jesús nos dijo que debemos estar preparados para su venida y que cuando vuelva nos pedirá cuenta de los dones que se nos fueron confiados. Hoy al concluir el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo, se nos presenta la imagen del juicio final a través de esta parábola, exclusiva del Evangelista San Mateo. Esta página del Evangelio es la que inspiró a Miguel Ángel su extraordinaria obra en la capilla Sixtina.

Jesús anuncia que un día, vendrá en su gloria como rey y juez, ante su presencia estará el mundo entero, donde dará en herencia la vida eterna a los que obraron el bien, y el castigo eterno a los que obraron el mal.

El Señor se compara a un pastor que separa las ovejas de los cabritos, imagen por demás conocida por los que estaban familiarizados con las Sagradas Escrituras, en la primera lectura de esta misa oímos al profeta Ezequiel, que presenta a Dios como el Pastor que juzgará a ovejas y cabritos, este profeta y sacerdote durante el exilio en Babilonia (S.VI aC) narra un juicio de Dios contra los malos pastores de Israel.

El llamado se dirige en primer lugar a los que se hicieron merecedores del Reino, dándoles las razones por las que han recibido semejante herencia: tuve hambre, sed, era forastero, estuve desnudo, enfermo, preso, y en cada una de esas situaciones me atendieron.

Jesús no pretende dar detalles del juicio final, sino captar la atención de sus oyentes y moverlos a tener ciertas actitudes con el prójimo, las que podemos resumir en obras de misericordia, como enlazando su último discurso con el primero, “las bienaventuranzas”, donde los misericordiosos son llamados felices porque obtendrán misericordia. De este modo entendemos que la caridad cubre los baches de nuestros pecados.

Los herederos del Reino, parecen ignorar haber atendido al Señor en estas necesidades, y preguntan ¿Cuándo te vimos así?, y la respuesta no se hace esperar: cada vez que lo hicieron con uno de sus hermanos más pequeños. De esta manera Jesús, enseña que se solidariza con todo ser humano que está pasando por alguna necesidad, a tal punto que lo que se le haga a cada una de estas personas lo siente Él en su propia carne.

Como un espejo, pero en sentido inverso, el relato continúa con los excluidos del Reino, que ante las mismas situaciones no fueron capaces de tener actitudes de misericordia.

Al mencionar a los premiados y a los condenados, Jesús nos está enseñando que no da lo mismo “hacer” que “no hacer”, de modo que cómo vivimos esta vida tiene repercusiones en la vida eterna, tal como lo decimos en la oración del Señor, el Padrenuestro, cuando le pedimos que nos perdone, así como nosotros perdonamos, o como en las dos parábolas proclamadas en los dos domingos precedentes, dónde la prudencia y la capacidad de multiplicar los talentos hicieron a sus poseedores dignos de la fiesta.

Por supuesto que no debemos recortar el Evangelio y quedarnos sólo con lo que Jesús nos enseña en estos quince versículos, si estuvimos atentos a las lecturas a lo largo de todo el ciclo litúrgico sabemos que la vida cristiana se traduce en actitudes de misericordia y mucho más. Pero si la memora no nos ayuda, hace cuatro domingos el Señor nos hizo un resumen perfecto de toda la Ley y los Profetas, y nos dijo que dos mandamientos son los más importantes: el amor a Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu. Y el amor al prójimo como a nosotros mismos.

San Juan de la Cruz comprendió estas enseñanzas al decir: “en el atardecer de nuestras vidas seremos juzgados en el amor”.

Jesús no distingue si los menesterosos pertenecen a un pueblo determinado o no, si son de sus seguidores o no, tampoco dice nada sobre su condición moral, Él que siendo de condición divina se hizo el más pobre entre los pobres, reviste con su dignidad a todo ser humano que está viviendo una situación de necesidad y nos invita a cada uno de nosotros a reconocerlo encarnado en todo ser humano necesitado. Éste es el motivo por el cual los cristianos cuando socorremos a una persona necesitada no lo hacemos por simple filantropía, sino porque en ese ser humano, imagen y semejanza de Dios, atendemos al mismo Señor que viene a nuestro encuentro, a veces tan maltrecho “que ni aspecto humano tiene”.

Que Cristo reine en nuestros corazones y purifique nuestra mirada para saberlo reconocer entre los que de una forma u otra entran en contacto con nosotros.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 22, 1-3. 5-6 

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas.
Me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero, por amor de su nombre. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida;
y habitaré en la casa del Señor, por muy largo tiempo. R.

 

 

XXXIII domingo durante el año CICLO A

Mt 25. 14-30

“Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”.

“Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido un solo talento. “Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!”. Pero el señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Palabra del Señor. 

Jesús continúa enseñando que debemos estar vigilantes ante la llegada del Reino, el domingo pasado nos mostró el aspecto festivo de esa llegada, ahora nos hace saber que existe una responsabilidad de trabajar para que a su llegada entreguemos frutos obtenidos de la utilización de los dones que nos ha dado.

El relato dice que al repartir el dinero dio a cada uno distintas cantidades. Los servidores conociéndolo buscaron la manera de multiplicar el dinero recibido en custodia, menos uno que, por temor, no quiso arriesgarse y escondió lo recibido para devolverlo intacto.

Cuando el hombre regresó, reclamó su dinero y las ganancias, tal como los dos primeros servidores supusieron que obraría, así éstos le entregaron el dinero y las ganancias obtenidas, recibiendo una felicitación y el pase a participar del gozo de su señor, el banquete con el cual el patrón celebra su regreso, más la promesa de que se le encargará mucho más. Pero el que recibió menos, el que dice saber conocerlo y lo define como un hombre exigente y avaro confiesa su temor y devuelve el talento recibido intacto, tal como lo recibió.

Desde nuestra perspectiva cabría también una felicitación ya que haber conservado lo que recibió puede ser visto como un mérito en sí mismo. Pero, este servidor es juzgado precisamente por sus mismas palabras, “si sabías… tendrías que haber colocado el dinero en el banco, … así lo hubiera recuperado con intereses”. Y, además de ser reprendido es castigado.

De esta manera Jesús se dirige a los que buscan custodiar los dones recibidos de parte de Dios, y se sienten orgullosos por mantenerlos intactos. Pero por la parábola entendemos que los dones que se nos han confiado, los recibimos para hacerlos producir, si los guardamos celosamente no estamos obrando bien, cuando el Señor venga nos pedirá cuenta sobre lo que hemos hecho con los dones recibidos.

Todos hemos recibido talentos, en mayor o menor medida, cada uno con la ayuda del Espíritu Santo debe buscar la manera de hacerlos producir. No debemos esconder esos dones detrás del velo de una falsa humildad diciendo que no somos capaces de hacer esto o aquello, es verdad no todos tenemos las mismas capacidades, pero alguna capacidad tenemos y está para ponerla al servicio de los demás. Es importante saber reconocer los talentos que Dios nos dio, para así “invertirlos” y hacerlos crecer.

Jesús nos dice que a todos se nos pedirá cuenta del modo como hemos utilizado los bienes que nos ha dado, y nos pedirá los frutos, advirtiéndonos que si le devolvemos exactamente lo mismo que nos ha dado se nos quitará lo que se nos confió y seremos privados de participar del gozo del Señor.

Esta parábola es una invitación a preguntarnos:

¿Qué talentos me ha dado Dios?

¿Qué estoy haciendo con esos talentos?

 

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

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COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXIII  domingo durante el año

CICLO A

19 de noviembre de 2017

Parabola de los Talentos

La parábola de los Talentos. S. XVII. Willem de Poorter  Óleo sobre lienzo
Galería Nacional de Praga , Praga, República Checa

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        25, 14-30

“Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”.

“Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido un solo talento. “Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!”. Pero el señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Palabra del Señor.

 

Jesús continúa enseñando que debemos estar vigilantes ante la llegada del Reino, el domingo pasado nos mostró el aspecto festivo de esa llegada, ahora nos hace saber que existe una responsabilidad de trabajar para que a su llegada entreguemos frutos obtenidos de la utilización de los dones que nos ha dado.

A través de esta parábola, donde un hombre rico decide dar en custodia sus bienes mientras se va de viaje, definido por sus mismos servidores como un severo y ambicioso, que pretende ganancias aún dónde no ha sembrado.

El relato dice que al repartir no dio la misma cantidad de dinero a todos, sino que a unos más y a otros menos, tampoco les dio la orden de hacerlo producir. Pero parece que los servidores conociéndolo buscaron la manera de multiplicar el dinero recibido en custodia, menos uno que, por temor, no quiso arriesgarse y escondió lo recibido para devolverlo intacto.

Para tener una idea del dinero entregado, un talento es el equivalente a seis mil monedas de plata, una moneda de plata es un denario, el valor de una jornada de trabajo. Es decir que al que le dio cinco talentos le dio treinta mil monedas de plata.

Cuando el hombre regresa, sucede que reclama su dinero y las ganancias, tal como los dos primeros servidores supusieron que obraría, así éstos le entregaron el dinero y las ganancias obtenidas, recibiendo una felicitación y el pase a participar del gozo de su señor, el banquete con el cual el patrón celebra su regreso, más la promesa de que se le encargará mucho más. Pero justamente el que recibió menos, el que dice saber conocerlo y lo define justamente como un hombre exigente y avaro confiesa su temor y devuelve el talento recibido intacto, tal como lo recibió, ni más ni menos.

Desde nuestra perspectiva cabría también una felicitación ya que haber conservado lo que recibió puede ser visto como un mérito en sí mismo. Pero en la parábola, este servidor es juzgado precisamente por sus mismas palabras, “si sabías… tendrías que haber colocado el dinero en el banco, … así lo hubiera recuperado con intereses”. Y, además de ser reprendido es castigado.

De esta manera Jesús se dirige a los que buscan custodiar los dones recibidos de parte de Dios, y se sienten orgullosos por mantenerlos intactos. Pero por la parábola entendemos que los dones que se nos han confiado, los recibimos para hacerlos producir, si los guardamos celosamente no estamos obrando bien, cuando el Señor venga nos pedirá cuenta sobre lo que hemos hecho con los dones recibidos.

Todos hemos recibido talentos, en mayor o menor medida, cada uno con la ayuda del Espíritu Santo debe buscar la manera de hacerlos producir. No debemos esconder esos dones detrás del velo de una falsa humildad diciendo que no somos capaces de hacer esto o aquello, es verdad no todos tenemos las mismas capacidades, pero alguna capacidad tenemos y está para ponerla al servicio de los demás. Es importante saber reconocer los talentos que Dios nos dio, para así “invertirlos” y hacerlos crecer.

Si bien la parábola se proclama a todos los que formamos parte del Pueblo de Dios, no deja de ser un llamado de atención a los pastores de la Iglesia, a quienes se nos ha confiado el tesoro de los sacramentos, para ser dispensadores de los mismos. A veces, como el que recibió un talento, nos escudamos en las normas haciendo una interpretación estricta y al mismo tiempo errada, incluso agregando más de lo que la norma dice, para no arriesgar temiendo perder lo que se nos ha confiado.

Pero hoy Jesús nos dice que a todos se nos pedirá cuenta del modo como hemos utilizado los bienes que nos ha dado, y nos pedirá los frutos, advirtiéndonos que si le devolvemos exactamente lo mismo que nos ha dado se nos quitará lo que se nos confió y seremos privados de participar del gozo del Señor.

 

Esta parábola es una invitación a preguntarnos:
¿Qué talentos me ha dado Dios?
¿Qué estoy haciendo con esos talentos?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 127, 1-5 

R. ¡Feliz quien ama al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien. R.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! R.