SAN VICENTE PALLOTTI Y LA UNIÓN DEL APOSTOLADO CATÓLICO

San Vicente Pallotti funda, en 1835, la Unión del Apostolado Católico. En ella reúne laicos y clérigos con el fin de despertar en todo  el pueblo de Dios la vocación apostólica. Partiendo del mandamiento del amor, afirma que nadie ama realmente sino busca para el otro el mismo bien que para sí. El bien mayor es el de la fe. Amar implica transmitir ese don de la fe. La misión evangelizadora, el anuncio del amor de Dios es tarea de todo aquel que quiera vivir este mandamiento. El bautismo nos unió a Cristo y, por eso, a su  misión evangelizadora.

Hace veinticinco años, nuestros hermanos palotinos de Santa María, Brasil, fundaron el ISEP (Instituto Sudamericano de Estudios Palotinos). Varios argentinos han participado de sus cursos.

En esta oportunidad le pedimos al Profesor Pablo Fernández Conde, docente del Instituto San Vicente Pallotti de Turdera, que nos comparta algo de lo vivido y aprendido en el curso que se desarrolló en este mes de Julio. En el mismo participaron doce laicos de Argentina.

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Experiencia del ISEP 2017

Una vez más nos encontramos algunos, que nos sentimos convocados por San Vicente Pallotti, para vivenciar juntos unos días de estudio, reflexión, espiritualidad y vivencia del carisma palotino.

Este año se celebraban 25 años del comienzo del Instituto Sudamericano de Estudios Palotinos por el que han pasado para vivir este modo de ser Iglesia 1041 participantes. El tema de esta tercera etapa era “Pallotti y la misión” y “espiritualidad palotina”.

Empezamos los días de estudio reflexionando sobre la “espiritualidad” con el acompañamiento del Padre Salvador Leandro Barbosa, luego la vicepresidente del consejo nacional de la UAC, en Brasil, la señora Deyze Barros, nos habló sobre la misión de la UAC y por último el padre Ángelo Lóndero nos compartió su “Mosaico palotino”, un texto sobre la misión y el apostolado en Pallotti. La hermana Inés Burín, nos acompañó en un día de silencio y la hermana Marinés Pivatto con unos días de integración Acá van algunas líneas espirituales de nuestra reflexión:

La espiritualidad es una dimensión del ser humano, una apertura a lo sagrado que no es patrimonio cristiano. El Espíritu, para nosotros, designa el centro de la existencia cristiana. Y la vida espiritual es una experiencia vivida. Necesitamos una correcta comprensión y articulación de la vida espiritual. Tenemos en nosotros el deseo de Dios. Por nuestra constitución intuimos (nosotros que nos reconocemos limitados) que hay algo mejor  lo que debemos ir, y no porque seamos algo malo, sino porque podemos siempre ser mejor. Hay un deseo de buscar lo bello, lo bueno y Dios lo es.

El ser humano es un ser de relaciones (consigo, con otro, con Dios). La persona debe salir de sí para poder ser feliz, si se queda encerrada en sí misma no puede. La vida Cristiana, entones, no es aislada. El ser humano debe trascenderse. La comunión será la llave para comprender la espiritualidad, ya que el sentido mismo de la existencia se revela en el encuentro con otra persona.

El ser humano no consigue vivir sin amor, permanece para sí, incomprensible. El amor abre para la donación de sí, tenemos muchos ejemplos claros en la Biblia, por ejemplo la del profeta Oseas, o Tobías. Quienes se pueden abandonar a sí mismos en el encuentro con el otro. El papa Benedicto XVI nos lo recuerda en “Deus cáritas est”

El seguimiento de Jesús es el centro de nuestra espiritualidad. Hablar de espiritualidad, en la perspectiva cristiana, no será otra cosa que hablar de la experiencia del Espíritu de Jesús de Nazaret, Apóstol del eterno Padre.

Pallotti, entiende que si Jesús es enviado, entonces él, poca cosa, también lo es. Como se siente llamado entonces convocará a todos para la misma misión. Lo siente a Cristo como nuestro hermano común, mayor, enviado para salvar al mundo. Nosotros, que queremos seguirlo, debemos continuar esa misión.

Es entonces que, la obra que crea, la UAC, no trata de realizar un nuevo movimiento, sino reunir, convocar. Para Pallotti lo importante es la cooperación. Y esto es posible porque tenemos los mismos sentimientos de Jesús, la vida de Jesús sea mía dirá en sus escritos[1]. Se propone imitar con humildad y confianza todas las obras públicas y privadas de Jesús. Por eso la espiritualidad palotina es dinámica y universal (acoge todo lo que hay para cooperar).

En la vida de Pallotti no se puede separar el apostolado de la vida espiritual. O el apostolado de su vida mística. Él siente un amor de Dios hacia el mismo que es incomprensible, por eso ve dos caminos, seguimiento radical y participación en su obra de apostolado. Y nos deja en el cuadro de “María, Reina de los Apóstoles, no una imagen de devoción, sino un programa de apostolado. El cenáculo no se trata, entones, de la construcción de un santuario, sino de una experiencia teológica. Porque es el lugar donde se hace el paso del miedo al coraje, de la tristeza a la alegría, del intimismo a la creatividad apostólica. Del aislamiento al discurso apasionado del evangelio que hace Pedro. El cenáculo es un programa espiritual y apostólico. Del cenáculo se sale al apostolado y del apostolado se debe volver al cenáculo. Por eso para el palotino lo fundamental es convertirse en discípulo y enviado.

Ala luz del Documento de Aparecida, reflexionamos que para ser cristianos debemos tener un encuentro con Jesús, convertirnos en discípulos. Nosotros creemos en el amor de Dios, de este modo podemos imprimir en nosotros la opción fundamental de nuestra. Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con una persona, con un acontecimiento que le da a mi vida un horizonte nuevo y de esta forma un rumbo decisivo.  Este encuentro con Jesús lo podemos tener en nueve lugares privilegiados, que no son los únicos:

La comunidad eclesial

La sagrada escritura

La sagrada litúrgia

El sacramento de la reconciliación

La oración personal y comunitaria

Los pobres afligidos y enfermos

La piedad popular

La piedad mariana

La devoción a los santos

Luego de reflexionar sobre estos lugares teologales, y de contemplar sobre la alegría del discípulo tomamos conciencia de ser enviados a nuestras comunidades a continuar el apostolado al que somos llamados para que cuanto antes haya un solo rebaño bajo un solo pastor.

 

[1] OOCC. X p .161-162

COMENTARIO AL EVANGELIO

XVII  Domingo   durante el año

CICLO A

30 de julio de 2017

El tesoro escondido

El tesoro escondido. Rembrandt (1630)

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo         13, 44-52

 

    Jesús dijo a la multitud:

    «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

    El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

    El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

    Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

    «¿Comprendieron todo esto?»

    «Sí», le respondieron.

    Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Continuamos meditando las siete parábolas sobre el Reino de Dios, reunidas en este capítulo trece del Evangelio según san Mateo. En este domingo, decimoséptimo durante el año, se proclaman las tres últimas.

En la primera de estas tres se nos habla de un tesoro escondido; en la segunda, de una perla de gran valor. Sólo podemos encontrar, participar y disfrutar el Reino de Dios cuando nos damos cuenta del valor fundamental que él tiene para nuestras vidas. Es tan valioso que vale la pena vender todo, dejar todo, para poder poseerlo. Ninguno de nosotros va a entregar su vida por algo que no le reporta la felicidad que todos buscamos; ninguno quiere el mal para sí, todos buscamos el bien. El problema, me parece, se plantea cuando equivocamos lo que es bueno y lo que es malo. O, también, cuando optamos por “pequeños” bienes que nos alejan de los grandes bienes. Es ahí cuando nos afanamos por poseer determinadas cosas, dejando de lado aquello que le da sentido al vivir y que hace de nuestra vida un camino de eterna felicidad. Entrar en el Reino, dejarlo entrar en nuestro corazón, pertenecer a él y entregarle la vida, es el bien mayor que podamos encontrar en la vida.

En ambas parábolas tuvieron que vender  bienes, dejar cosas, para poder poseer el bien mayor. Sólo en la medida en que superemos nuestras pequeñas y cotidianas idolatrías, sólo en la medida en que no nos afanemos tanto por aquello que nos da un bien pasajero, sólo en la medida en que seamos libres de lo que poseemos, podremos disfrutar del Reino de Dios.

En la primera parábola, el Reino es comparado a un tesoro; en la segunda, a un negociante. El Reino es un bien que Dios nos regala; también somos nosotros cuando sabemos optar por ese bien. A veces lo encontramos providencialmente, como en el primer caso; otras veces, es fruto de una búsqueda, a veces larga y hasta penosa, como en la segunda parábola. Lo cierto que el Reino se hace presente cuando dejamos que Dios reine en nuestra vida, que su Palabra sea la fuente inspiradora de todo lo que hacemos. El Reino se hace presente cuando, al descubrir la paternidad amorosa de Dios, nos miramos unos a otros como hermanos. El Reino, cobra vida en cada gesto de perdón y en cada compromiso con la verdad y la justicia, en cada acción solidaria y en cada encuentro interpersonal. El Reino es don de Dios porque el amor es posible cuando Él vive en nosotros. El Reino es también conversión, búsqueda, dones puestos al servicio de los demás. Ese Reino que pedimos cada día en el Padre Nuestro, cobra vida cuando la clave de nuestra vida está en hacer de nuestro día una entrega total a Dios y a los hermanos.

En ambas parábolas aparece el tema de la alegría. La participación viva en el Reino nos permite realizarnos plenamente como personas. Podemos decir que fuimos creados para vivir la misma vida de Dios porque somos su imagen y semejanza. Dejar que esta vida se haga vida en nosotros es un camino de profunda realización personal.

En la tercera parábola se nos  habla de lo viejo y lo nuevo. Recordemos que el autor de este Evangelio  escribe a cristianos procedentes del pueblo de Israel. El escriba-cristiano es el ideal del Evangelio según san Mateo. Jesús no viene a anular la ley ni la primera alianza, viene a darle plenitud. No necesitamos dejar los valores heredados o de nuestra cultura para entrar en el Reino. Cristo Jesús lleva a plenitud los valores culturales, nos ayuda a discernir los aspectos de  nuestra cultura que no humanizan y amplía los límites culturales. El encuentro con el Evangelio implica siempre un proceso de recreación cultural, en donde la cultura y la historia de vida no son destruidas sino recreadas. Se nos  habla de toda clase de peces. El Reino es universal: Dios no hace acepción de personas.

El Reino implica capacidad de discernimiento; saber discernir entre donde está el bien y dónde está mal. La Gracia de Dios presente en nuestras vidas nos permite  arrojar lejos de nosotros todo pez malo y quedarnos con aquello, nuevo o viejo, que responde a la voluntad de Dios para nosotros. En la certeza absoluta que un día disfrutaremos de la plenitud de ese Reino que ya comenzó. Un día el mal será definitivamente quemado y el bien absoluto tendrá la última palabra de la historia.

 

Nos preguntamos: ¿Son Jesús, su Reino y su Palabra, los valores absolutos de nuestra vida? ¿Qué tengo que “vender”, dejar en mi vida, para participar con más plenitud de la alegría del Reino?

 

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL          Sal 118, 57. 72. 76-77. 127-130 (R.: 97a)

R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

El Señor es mi herencia:
yo he decidido cumplir tus palabras.
Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata. R.

Que tu misericordia me consuele,
de acuerdo con la promesa que me hiciste.
Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré,
porque tu ley es toda mi alegría. R.
 
Yo amo tus mandamientos
y los prefiero al oro más fino.
Por eso me guío por tus preceptos
y aborrezco todo camino engañoso. R.

Tus prescripciones son admirables:
por eso las observo.
La explicación de tu palabra ilumina
y da inteligencia al ignorante. R.

 

XVI DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 13,24-30

        «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”

    Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”.

    Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

    “No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”». 

Es importante tener en claro que ninguna persona se identifica plenamente con el bien o plenamente con el mal. Tanto uno como el otro están presentes en todo corazón humano; aunque haya personas especialmente tomadas por el mal. Si quisiéramos eliminar al “malo” de una comunidad o de la sociedad, no quedaría ninguno, ya que en todos está el mal, también en nosotros. No nos toca a nosotros pronunciar sentencia sobre las personas y su tiempo de conversión. Nos toca, distinguir entre el bien y el mal, alimentar el bien, ayudarnos unos a otros a crecer en él.

Es interesante observar que el brote de la cizaña es muy parecido al brote del trigo; al comienzo cuesta distinguirlos. Recién cuando la cizaña crece se la puede identificar. Estamos llamados a ser hombres y mujeres de discernimiento;  en donde, a la luz de la Palabra, podamos distinguir en cada momento de nuestras vidas por dónde pasa el bien y por dónde pasa el mal, qué es lo que el Señor quiere de nosotros. Hacer la voluntad de Dios es encontrar el verdadero bien.

En el juicio final, el mal será definitivamente vencido y podremos disfrutar eternamente del bien. Este es el fundamento de nuestra esperanza.

Nos preguntamos: ¿Soy  hombre o mujer de discernimiento? ¿Comprometo mi vida al servicio del bien? ¿Ayudo a crecer a los otros en el bien? ¿Hago presente el Reino de Dios en la sociedad?

¡Un bendecido domingo!

The Tares-Eugene Burnand

XV DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 13,1-23

       Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas.

    Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!» 

En el primer versículo de este capítulo  se dice que Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar,  pasa de la revelación íntima a una proclamación pública.

La semilla es la Palabra de Dios que llega a nuestras vidas, a nuestra propia tierra.

Esta es una parábola que nos anima, ya que una cosecha del 30, 60 o 100 por ciento, en una tierra agreste, era para ellos  una cosecha excelente. Estaban acostumbrados a los terrenos pedregosos y, por eso, a cosechas del 10 por ciento.

Esta parábola nos invita hoy  a escuchar la Palabra con atención cada día, sabiendo que cuando esa Palabra es escuchada con atención, echa raíces en nosotros, ilumina nuestro camino, nos hace crecer en la Fe, nos anima en la Esperanza y nos fortalece en el Amor. La Palabra de Dios es eficaz, no sólo nos ilumina, también realiza en nosotros aquello que nos revela. Como dice el libro de Isaías (55,10-11)  en la primera lectura de este domingo: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar… ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero….dice el Señor. 

Nos preguntamos: ¿Leemos cotidianamente la Palabra de Dios? ¿La meditamos, dejamos que la Palabra ilumine nuestra vida? ¿Nos dejamos transformar por ella, encontrando la fortaleza en la misma Palabra?

¡Un bendecido domingo!

El sembrador-Van Gogh otro

XIII DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 10, 37-42

Dijo Jesús a sus apóstoles:

    El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

    El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

    El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

    El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió.

    El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

    Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

Todo lo que somos y tenemos es un regalo de Dios. Todo lo hemos recibido de Dios, por Cristo: los seres queridos, nuestra familia y amigos y nuestra propia vida.

Hay una mirada concupiscente de la vida y una mirada sacramental de ella. Cuando absolutizo cada persona, acontecimiento, vínculo, etapa de la vida o actividad, como si ahí estuviera el sentido pleno de mi existencia, estoy absolutizando lo que no es absoluto; entonces, se produce en mí un profundo vacío. Le pido a las personas o a las cosas que sean Dios. Como no lo son, experimento la desazón y me vuelvo injusto demandante de los demás. Una mirada sacramental es disfrutar cada vínculo y etapa del camino como una presencia del amor de Dios que se hace visible en las personas  y en las experiencias cotidianas de la vida. El sacramento es siempre un signo detrás del cual Jesús actúa en nosotros. Los seres queridos son esos regalos amorosos de Dios que nos conducen a Él y que nos permiten gozar anticipadamente del encuentro definitivo con Él. Y porque Dios nos dio la vida, toda ella es para Él. Cuando se la entregamos totalmente, la ganamos. Fuimos creados a imagen de un Dios que es amor. Por eso, cuando damos la vida por amor, estamos encontrando la vida, su sentido más profundo y su dimensión de eternidad.

Nos preguntamos: ¿Es el amor a Dios lo que da sentido y orienta mi vida? ¿Lo amo en todo y en todos? ¿Tengo una mirada sacramental de la vida y de las personas?

¡Un bendecido domingo!

Cargando cruz

SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO

Pedro y Pablo

Rezamos en el Prefacio de la misa de hoy:

Porque en los Apóstoles san Pedro y san Pablo
nos das un motivo de gran alegría:
Pedro fue el primero en confesar la fe,
Pablo, el insigne maestro que la interpretó;
aquél formó la primera Iglesia con el resto de Israel,
éste la extendió entre los paganos llamados a la fe.

Ambos congregaron, por diversos caminos,
a la única familia de Cristo
y, coronados por un mismo martirio,
son igualmente venerados por tu pueblo.

 

Pedro fue el primer Papa de la Iglesia. Su sucesor, Francisco, como Obispo de Roma, es el pastor de la Iglesia universal. Hoy rezamos especialmente por nuestro Papa. Que el Señor le conceda las gracias necesarias para animar a sus hermanos en la fe.

Pablo fue el gran evangelizador que llevó la Palabra más allá del pueblo de Israel.

Ambos fueron muy distintos. Pedro, un pescador en las orillas del lago de Galilea; Pablo era un gran conocedor de la Ley, nacido en Tarso, una importante ciudad en aquel tiempo. Pedro conoció a Jesús durante su vida terrenal, no así Pablo. Ambos entregaron su vida por Cristo, derramando la sangre por confesar su nombre.

Que por intercesión de ambos podamos vivir la alegría de ser Iglesia, pueblo de Dios, sacramento universal de salvación, llamados a vivir la misión evangelizadora que el Señor nos encomienda. Hoy, el Evangelio de Jesucristo llegará a la vida de los hombres si nosotros, como Pedro y Pablo, lo anunciamos con humildad, alegría y valentía.

¡Renovemos en este día nuestra misión evangelizadora!

SAN JUAN BAUTISTA

24 de junio

San Juan Bautista, es el único santo (además de la Virgen y de Jesús) que se conmemora el día de su nacimiento, porque fue santificado en el vientre de su madre por la visita del Salvador. Por lo general, celebramos el día en que los santos pasaron de este mundo a la vida plena en Dios, el día del nuevo nacimiento. El nacimiento de Juan es motivo de inmensa alegría para la humanidad por el anuncio que trae de la próxima Redención. El arcángel Gabriel anunció a Zacarías que su mujer estéril, iba a concebir y agregó: «Le darás el nombre de Juan y será para ti objeto de júbilo y alegría; muchos se regocijarán por su nacimiento puesto que será grande delante del Señor». Al nacer, Zacarías, su padre, proclamó el «Benedictus».

El nacimiento de Juan se celebra seis meses antes del nacimiento de Jesús. Estableciéndose un paralelo interesante (ambos nacimientos son celebrados con expresiones de alegría). Juan es la voz que anuncia la Palabra, Jesucristo. La celebración de su nacimiento  coincide con el inicio del invierno en nuestras regiones, en donde comienza a prolongarse el día y disminuir la noche. Por eso, muchos pueblos originarios celebran en este día al año nuevo. Con Juan se ensambla lo nuevo con lo antiguo: culmina el antiguo testamento porque es el último de los profetas y se abren la puerta a la nueva alianza, sellada en Cristo. En las regiones en donde nace Jesús, comienzan a prolongarse los días coincidiendo con el nacimiento del Salvador: la luz verdadera que ilumina a todos los pueblos.

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