SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

Adoración de los magos-El Bosco

Adoración de los magos. El Bosco

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     (2, 1-12) 

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo.»

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:

“Y tú, Belén, tierra de Judá,

ciertamente no eres la menor

entre las principales ciudades de Judá,

porque de ti surgirá un jefe

que será el Pastor de mi pueblo, Israel”.»

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje.»

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. 

Palabra del Señor.

 

La fiesta de la Epifanía no se reduce al episodio del encuentro de los tres magos con Jesús. La Epifanía es la celebración de la manifestación de Dios al mundo, es celebrar la alegría de un Dios que, en Jesús de Nazaret, se hace visible a los hombres hasta el extremo de asumir nuestra humanidad. Celebramos al Dios hecho hombre para que los hombres podamos ver y conocer profundamente a Dios.

Tres acontecimientos, referidos a la manifestación de Dios, señala la Iglesia, y recoge la liturgia,  en los inicios de la vida y misión del Señor:

  • El que hoy nos relata el Evangelio: el encuentro y adoración de los magos de oriente.
  • El bautismo de Jesús, que celebraremos el próximo domingo y con el cual finaliza el tiempo de Navidad: el Padre nos lo presenta como su Hijo predilecto.
  • El primer signo, narrado en el Evangelio de Juan: las bodas de Caná, en donde se manifiesta el poder de un Dios de amor salvífico.

Es interesante ver cómo en oriente se comenzó a celebrar la fiesta de la Epifanía, antes que en occidente se estableciera la fiesta de Navidad. Es más, en occidente, en algún momento, tuvo mucha más fuerza esta fiesta de lo que lo tiene ahora. Es que toda la vida de Jesús estuvo marcada por esta dimensión epifánica. Él vino al mundo para manifestar al mundo la misericordia del Padre.

Esta fiesta de la Epifanía está contextualizada por una tradición popular y muy ligada a los niños: los tres “reyes” magos, los camellos, el agua y el pasto para esperarlos, los regalos y hasta los nombres de estos reyes: Melchor, Gaspar y Baltasar. Muchas expresiones del arte, recogen estas tradiciones.

Sin dejar de ver la expresión de fe que subyace en estas costumbres, es importante que nos atengamos al relato bíblico. En el mismo, en ningún momento se habla de que son reyes, no se dicen sus nombres ni del país del que viene, ni cuántos son. Se nos dicen que eran magos de oriente que se presentaron en Jerusalén para adorar al rey de los judíos, movidos por una estrella. Los magos eran estudiosos de la relación de los astros con la vida de los hombres y la naturaleza. Estos magos vienen de un pueblo que no compartía la misma fe que los judíos, no pertenecían al pueblo elegido. Como se trataba de un rey, van a Jerusalén, lugar en donde residía el rey. Ahí se encuentran con este personaje temible de Herodes, un perverso del poder. Cuenta la historia que no dudó en matar a familiares, incluso a alguno de sus hijos, por miedo a que le quitaran su dominio. No era judío pero, con intrigas palaciegas, se hizo nombrar rey de los judíos. Como era de suponer, tenía que eliminar a este otro supuesto rey, del que hablaban los magos, porque podía competir con su poder; por eso, les pide que al regresar le informen dónde se encuentra este posible adversario, poniendo como excusa su deseo de adorarlo. Los magos, inspirados por Dios, toman otro camino de regreso. Esto trae como consecuencia el posterior asesinato de los niños inocentes: la orden fue matar a todo niño que estuviera en el margen de edad del llamado “rey de los judíos”.

Esto evidencia como el apetito desordenado de poder siempre genera muerte. Todos tenemos algún grado de poder, todos tenemos capacidades, habilidades con las que podemos hacer cosas, todos tenemos cierto grado de influencia en la vida de los demás, quizá en algún momento nos toca ejercer lugares de autoridad. La pregunta es cómo ejercemos ese poder. Podemos vivirlo en actitud de servicio o vivirlo en actitud de dominio. San Vicente Pallotti nos recordaba que el espíritu de domino es la peste que enferma la comunidad.

Cuando en el ejercicio del poder buscamos la voluntad de Dios y el bien de nuestros hermanos, cuando nuestro cotidiano vivir está motivado por la búsqueda del bien de los demás, ese poder se torna servicio. Cuando ejercemos el poder de forma autorreferencial, al servicio de una falsa satisfacción de nuestro yo, de nuestra imagen o lugar social, colocándonos en el centro de todo acontecimiento, ese poder se torna dominio.

Cuando damos y nos damos sin demandar compensaciones de ningún tipo, cuando encontramos la alegría en el hecho de amar, ahí el poder es servicio. Cuando buscamos el aplauso, la devolución, el reconocimiento, cuando hacemos el bien sólo al que nos hace bien; ese poder es dominio.

Cuando respetamos la libertad del otro, lo valoramos en sus talentos y capacidades, nos abrimos a la reciprocidad y al trabajo en equipo, a la vida en comunidad, ese poder se expresa en servicio. Cuando nos hacemos dueños de las obras, de las tareas, de los cargos, de las instituciones y nos atornillamos en un puesto o servicio, ese poder se hace dominio.

Cuando valoramos lo que Dios quiere hacer a través nuestro y de nuestros hermanos, cuando agradecemos la obra de Dios, fuente de todo bien, ese poder es servicio. Cuando nos asaltan las envidias, los celos, las falsas competencias, necesariamente caemos en el dominio.

Es interesante ver cómo en ese reino del dominio, generador de muerte, simbolizado en Herodes, Dios interviene y cambia sus planes. Dios siempre interviene, transformando la muerte en vida, llevándonos por caminos de adoración al único Dios. Dios irrumpe en nuestras vidas transformando nuestras egolatrías en caminos de servicio a Dios y a la  humanidad. Con la egolatría no sólo destruimos, nos destruimos. Dios interviene porque quiere que tengamos vida y vida en abundancia.

Nuestro Dios quiere manifestarse a todos los pueblos y naciones, a todo hombre y a toda mujer, a toda realidad cultural. La adoración de los magos de oriente simboliza esa manifestación universal de Dios.

Que permitamos que Dios siempre se manifieste en nuestra vida, para hacer de nuestra vida una vida vivida en el servicio y, por eso, una vida profundamente feliz. Que el Señor intervenga en nuestras vidas y en la vida de nuestros pueblos para llevarnos por caminos de vida y no de muerte.

Una bendecida fiesta de la Epifanía para todos

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

 

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FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

JESÚS, MARÍA Y JOSÉ   Lc 2, 22-40

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él. 

Jesús es presentado en el templo ¿En qué consistía la Presentación? Todo animal o hijo primogénito debía ser consagrado a Dios. En el caso de los animales, se lo ofrecía en sacrificio en el mismo el templo. En el caso de los hijos, se los rescataba y se los presentaba al templo; en ese momento, debía reemplazarse su sacrificio por el de animales. En el momento de la presentación aparecen en escena los ancianos Simeón y Ana. Ellos señalan y alaban a Dios porque en Jesús se ha hecho presente la salvación de los hombres.

El niño crecía y se fortalecía en sabiduría y en gracia. Es la familia el lugar del crecimiento en la fe. Para esto son necesarias tres cosas: el diálogo, la oración en común, el vínculo del amor.

Es la familia el lugar en donde crecemos en el amor. Toda familia está llamada construir la gran familia de los hijos de Dios.

Un bendecido tiempo de  Navidad para todos.

Sagrada Familia

Una bendecida celebración Navideña

Celebrar la Navidad es hacer memoria agradecida y gozosa de ese momento que cambió para siempre nuestra historia humana: Dios se hizo hombre para estar para siempre en nosotros.
 
Celebrar la Navidad es actualizar ese misterio de amor en el aquí y ahora de nuestra existencia. En esta Navidad  Dios quiere hacerse más presente en lo cotidiano de nuestras vidas.
 
Les deseamos una bendecida Navidad,
 
P. Rubén Fuhr y P. Rodolfo Capalozza
CENTRO DE ESPIRITUALIDAD PALOTINA
 
Les enviamos el contenido del retiro que hemos compartido en este Adviento:

 

RETIRO ADVIENTO 2017

ALEGRES EN LA ESPERANZA

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     2, 1-14

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Angel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

«¡Gloria a Dios en las alturas,

y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»

  

Lectura del libro del profeta Isaías     9, 1-6 

El pueblo que caminaba en las tinieblas

ha visto una gran luz;

sobre los que habitaban en el país de la oscuridad

ha brillado una luz.

Tú has multiplicado la alegría,

has acrecentado el gozo;

ellos se regocijan en tu presencia,

como se goza en la cosecha,

como cuando reina la alegría

por el reparto del botín.

 

Era de noche cuando se anuncia por primera vez el nacimiento del Salvador. Un grupo de simples pastores recibe el anuncio.

Hay noches entre nuestros días.

Hay momentos en  la vida en el que se nos viene la noche: alguna pérdida importante, una enfermedad repentina, una frustración, no ver el camino o no encontrarle sentido a nuestra vida, algún desencuentro o ruptura, alguna incomprensión que nos duele o algo que no podemos superar de nosotros mismos.

La noche nos habla de miedo, de inseguridad, tristeza, cansancio, soledad. No vemos el camino. Los peligros son mayores, tenemos menos recursos que durante el día.

En la Biblia, la noche nos habla de tinieblas, de ausencia de luz, ausencia de Dios.

Sin embargo, muchos acontecimientos importantes en la historia de la salvación sucedieron en la noche. La salida del pueblo elegido de Egipto, el inicio de la liberación; el encuentro de Jesús con Nicodemo; el inicio de la pasión, cuando el hijo del hombre es glorificado; la oración en el huerto cuando Jesús se entrega a la voluntad del Padre; María Magdalena va al encuentro de Jesús cuando todavía era de noche. Jesús muchas veces aparece dialogando en la noche con su Padre…

La noche nos invita a la confianza, al silencio, al abandono, al despojo, al descanso.

María y José, enfrentaron muchas noches en sus vidas.

Imaginemos la escena: una mujer embarazada, lejos de su familia y de su pueblo, luego del esfuerzo de un muy largo viaje, no encuentra un sitio donde descansar y esperar a su criatura. Un padre que habrá sentido la inseguridad de no tener ayuda humana, no poder encontrar un lugar higiénico y seguro para que su señora tenga un parto cuidado. Los dos esperando un hijo que no era fruto de su relación matrimonial sino obra del Espíritu Santo; ambos cumpliendo la orden de un dictador casi desquiciado y poniendo así en riesgo a su bebé… en la noche. Cuando deciden volver a su tierra, no pueden disfrutar de su hijo con sus seres queridos y tienen que huir a Egipto. Noche astrológica y noche del alma.

Pensemos en tantos refugiados, adultos y niños que tienen que abandonar su tierra, no tienen dónde estar, enfrentan tantos peligros. Muchos de nuestros abuelos que se lanzaron a un mundo desconocido escapando del hambre y la falta de trabajo. Tantos chicos que en la noche duermen en la intemperie y en el peligro de nuestras ciudades, tantos ancianos abandonados a los que la noche se les hace interminable, tantas noches en hospitales en donde los enfermos están solos sin nadie que los cuide, muchas veces maltratados… la noche de las adicciones que matan el alma  y el cuerpo, en donde los mercaderes de la muerte, amparados en la corrupción de nuestros gobernantes y jueces, son llevados al sin sentido y a perder la vida, la noche en donde la trata de persona destruye vidas para siempre, la noche de la ausencia de Dios, de la pérdida del sentido de la vida. Pensemos en la oscuridad del abuso, de la violencia familiar, de la explotación. Jesús sigue sufriendo en la noche de mucho de nuestros hermanos.

María y José fueron un varón y una mujer de fe: lo que humanamente es imposible, en Dios se hace posible. En la noche encontraron la luz. Como con el pueblo de Israel al salir de Egipto, o con Nicodemo en el diálogo de la noche, o María Magdalena en el encuentro con el resucitado, en la noche de Belén brilla una gran luz. Siempre que miramos la vida desde la fe: en la noche, brilla la luz.

Quizá José y María habrán recordado el recitar de los salmos:

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

poderoso defensor en el peligro.

 

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra

y los montes se desplomen en el mar.

 

Que hiervan y bramen sus olas,

que sacudan a los montes con su furia:

 

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Sl 45

 

Lámpara es tu palabra para mis pasos,

luz en mis senderos. Sal 119

 

Dios mío, tú alumbras mis tinieblas. Sl 18

 

Los sacó de las lúgubres tinieblas,

y rompió sus cadenas. Sl 117

 

Leemos en la primera lectura que se proclamará en la misa de la noche buena, tomada del profeta Isaías (9, 1-6):

El pueblo que caminaba en las tinieblas

ha visto una gran luz;

sobre los que habitaban en el país de la oscuridad

ha brillado una luz.

Tú has multiplicado la alegría,

has acrecentado el gozo;

ellos se regocijan en tu presencia,

como se goza en la cosecha,

como cuando reina la alegría

por el reparto del botín. 

 

En la noche la luz brilla con más fuerza. En las noches de nuestras vidas, quizá en medio del dolor o la tristeza, siempre brilla una luz. Dios nos regala su luz a través de personas concretas, situaciones providenciales, fortalezas que quizá no son propias de nuestra naturaleza humana pero que la gracia de Dios nos regala como don especial. La noche, cuando la vivimos desde la fe, nos lleva siempre al encuentro de la luz. Es en la noche donde maduramos en esa misma fe, crecemos en sabiduría, valoramos lo importante. Es en la noche en donde crece nuestra confianza en Aquel que nunca nos abandona. Es la noche la que nos permite valorar la luz.

La noche siempre es pasajera, la aurora en algún momento aparece. Somos peregrinos al encuentro con definitivo con la luz.

Este es el mensaje de cada Navidad. La luz existe, en medio de las tinieblas

 

PARA ORAR:

Dejemos pasar por nuestra mente y nuestro corazón rostros de personas que viven momentos de dolor, de soledad, de incertidumbre… rostros de personas que están atravesando la noche en su vida.

Hagamos memoria de alguna noche (o algunas noches) que hayamos vivido en nuestras vidas, algún momento difícil, de tristeza o dolor, de sin sentido, de confusión o desánimo.

En ese momento, ¿experimentamos la presencia amorosa del Señor? ¿Fuimos a su encuentro? ¿Lo vivimos desde la fe? ¿Cómo experimentamos su luz?

¿Qué sabiduría nos dejó ese momento difícil que hemos vivido?

¿Vivimos cada momento de nuestras vidas en dimensión de fe, confiando en la presencia de Dios en la oscuridad? ¿Dejamos que Dios nos conduzca a pesar de no comprender o no aceptar humanamente lo que nos está pasando?

 

Los primeros en recibir el mensaje fueron los pastores… hombres simples, de trabajo, excluidos de la vida social y religiosa, sufrientes.

Todo se da en un marco de alegría y fiesta. La presencia de los ángeles. Otra vez en las tinieblas brilla la luz.

Dios nos llama a ser varones y mujeres simples, sencillos, cercanos a los que sufren, hermanos de los excluidos de la sociedad.

Aunque tengamos muchos títulos, propiedades, bienes, talentos, cargos, posibilidades, Dios nos llama a la simpleza de vida.

Es simple el que vive la alegría de la fe, el que confía en el amor de Dios. Y, por eso, no lo quiere controlar todo, no se pone en lugar de Dios, se sabe amado y cuidado por el Señor. Goza del amor infinito y gratuito del Padre.

Es simple el que aprende de los otros, el que escucha y valora a los demás, el que se deja enriquecer, corregir, transformar por los otros y por la gracia de Dios. Es simple el que se valora, acepta y valora a lo demás. El que ocupa un espacio y deja que los demás también ocupen un espacio. El que le hace sitio al otro y lo entrega.

Es simple el que acepta el misterio de Dios

Es simple el que vive la alegría de la Esperanza. La Esperanza es la confianza en la promesa de Dios aunque no la vemos cumplida. Feliz de ti porque has creído en la promesa del Señor. Ese fue el motivo de su honda felicidad.

 

PARA ORAR:

Contemplemos a María, mujer de esperanza, mujer alegre en el dolor.

Pesebre

 

MISA DE NTRA. STA. DE LUJÁN EN LA ARQUIDIÓCESIS DE BUENOS AIRES

43 º Peregrinación juvenil a pie a Luján

30 de septiembre y

1 de octubre  de 2017

 

“MADRE, ENSEÑANOS A CONSTRUIR LA PAZ”.

 

Jn 19, 25-27

 Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya.

¡Qué grande es el amor de Jesús! No le bastó darnos la vida, nos quiso regalar lo que más amaba en este mundo. Nos regaló su Madre como Madre nuestra. El Beato Papa Pablo VI, cuando declaró a María madre de la Iglesia, en medio del Concilio Vaticano II, nos recordaba que María no es sólo la mujer del pasado sino también la mujer que actúa en el presente con su amor maternal en la vida de cada uno de nosotros.

María, mujer de paz, nos lleva por los caminos de la paz. Esa paz que, al decir de San Juan Pablo II, es don y tarea. Un regalo de Dios que tenemos que cuidar y cultivar, construir entre todos.

Construimos la paz cuando superamos la corrupción y la injusticia, cuando valorizamos el diálogo sereno y fraterno en búsqueda de la verdad y cuando nos encontramos con el verdadero sentido de nuestras vidas. El beato Pablo VI decía en uno de los lemas de las jornadas mundiales de la paz: Si quieres la paz, trabaja por la justicia. Sólo ella es garantía de la verdadera paz en el mundo.

Somos un pueblo peregrino que alaba a Dios por su acción en nuestra vida y que camina hacia la plenitud de la felicidad en el encuentro definitivo con el Padre y la comunión plena y universal con toda la creación. La gloria de Dios manifestada en el camino de la vida, llegará a su plenitud en la resurrección final, de la cual María es anticipo y vínculo con Aquel que es el Camino a la Vida, Jesucristo, Señor de la historia.

¡Un bendecido domingo!

Virgen de Luján

COMENTARIO AL EVANGELIO

43 º Peregrinación juvenil a pie a Luján

30 de septiembre y

1 de octubre  de 2017

“MADRE, ENSEÑANOS A CONSTRUIR LA PAZ”.

Virgen de Luján

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según Juan (19, 25-27) 

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.»

Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya. 

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Los invitaría a contemplar un instante la escena: Jesús está pasando por el momento más doloroso de su vida. Es despreciado, insultado, escupido, calumniado. El sufrimiento físico y moral es muy intenso. En ese momento, clavado en la cruz, mira a su madre. Cuánto dolor habrá experimentado la madre al ver así a su hijo. Cuánto dolor habrá experimentado el hijo al ver el sufrimiento de su madre ¡Cómo duele el dolor del otro cuando el amor al otro es grande!

Jesús usa el término “mujer”. No se lo habíamos oído desde que lo usó, al inicio del Evangelio según San Juan, en las bodas de Caná. Ahí no había llegado la hora. En este momento, cuando la hora llegó, la hora de la entrega total, la hora de la redención, la hora de la plenitud del amor sacerdotal, la hora en la que el mal, el pecado y la muerte son vencidos, vuelve a utilizar el término mujer. María es la “mujer” bíblica que da a luz al Mesías y que se convierte en Madre que da vida a la Iglesia, presencia sacramental de Cristo. En esa hora, culmen de la historia, en donde la vida de los hombres es redimida y nacemos a la eternidad, Jesús entrega su madre  al discípulo amado y este  la recibe. Nosotros somos los discípulos amados del Señor que recibimos su madre como nuestra propia madre. Este episodio no describe sólo un acto de piedad filial de Jesús hacia su madre, sino una verdadera revelación de su maternidad espiritual. María se convierte en la madre no sólo del discípulo amado, sino también de todos aquellos a quienes él representa, el conjunto de los creyentes. María es madre de la vida de Jesucristo, suscitándola en todo discípulo a quien Jesús ama.

Es en esa hora en la que los hombres recibimos para siempre el consuelo y la fortaleza de la Madre. A partir de ese momento, ya no estamos solos cuando sufrimos; hay una mujer que es madre, esposa y amiga que nos contagia su fe y, con ella, su fortaleza. ¡Qué grande es el amor de Jesús! No le bastó darnos la vida, nos quiso regalar lo que más amaba en este mundo. Nos regaló su Madre como Madre nuestra. El Beato Papa Pablo VI, cuando declaró a María madre de la Iglesia, en medio del Concilio Vaticano II, nos recordaba que María no era sólo la mujer del pasado sino también la mujer que actúa en el presente con su amor maternal en la vida de cada uno de nosotros.

María, mujer de paz, nos lleva por los caminos de la paz. Esa paz que, al decir de San Juan Pablo II, es don y tarea. Un regalo de Dios que tenemos que cuidar y cultivar, construir entre todos.

Construimos la paz cuando superamos la corrupción y la injusticia y cuando nos encontramos con el verdadero sentido de nuestras vidas.

Cuando en una sociedad los que tienen que velar especialmente por el bien común no lo hacen siempre se generan situaciones de violencia. La corrupción de la injusticia genera violencia. Esa justicia, “largamente esperada”, serena los ánimos, da seguridad a la sociedad y encauza el apetito de venganza en sanciones que buscan siempre el bien de todos, que protegen a la sociedad y encauza la corrección del que delinquió. Cuando los que tienen que administrar justicia no lo  hacen en tiempo y en forma, generan situaciones de irritación y, en muchos casos, de búsqueda de una “justicia” por manos propias que termina generando nuevos males. La corrupción de la clase dirigente, en muchos casos, se hace cómplice con su no actuar honesto, del narcotráfico, trata y desaparición de personas, permisividad ante lo ilícito y tantos otros males que siempre son generadores de violencia. La corrupción mata porque se descuida el cuidado del bien en común en función de intereses individuales de poder económico  y político.

El beato Pablo VI decía en uno de los lemas de las jornadas mundiales de la paz: Si quieres la paz, trabaja por la justicia. Sólo ella es garantía de la verdadera paz en el mundo. La acumulación de bienes, el crecimiento económico en base a la explotación de personas, la deshonestidad en los precios, los salarios injustos, la brecha creciente entre ricos y pobres, la omisión de la responsabilidad del estado, la acciones escrupulosas de los que detentan el poder económico, son siempre generadores de violencia social. Es violencia no reconocer en el otro un ser humano, sujeto de derechos inviolables, es generadora de violencia la indiferencia que se niega a ser sensible ante el dolor de los otros.

Cuando reducimos la búsqueda de la felicidad al consumo, al uso esquizofrénico de la genitalidad, a la evasión de la realidad, nace en cada ser humano y en la sociedad, situaciones de violencia. Al buscar la plenitud en aquello que no lo puede dar surgen sentimientos de frustración que en muchos casos son generadores de violencia y auto violencia. Somos imagen de un Dios que es la plenitud del amor. Sólo viviendo la vida en clave de amor, nuestra vida encuentra su sentido más profundo.

Hoy, nuestra Madre nos señala el camino de una vida plena, capaz de proclamar la alegría de un Dios misericordioso que mira nuestra pobreza y hace en nosotros y, a través nuestro, grandes cosas. María es mujer de paz, generadora de paz, porque encontró en la fidelidad a Dios el sentido más profundo de su existencia. María encontró la paz en su entrega incondicional a la voluntad del Padre, amando, en su Hijo, a la humanidad entera.

Somos un pueblo peregrino que alaba a Dios por su acción en nuestra vida y que camina hacia la plenitud de la felicidad en el encuentro definitivo con el Padre y la comunión plena y universal con toda la creación. La gloria de Dios manifestada en el camino de la vida, llegará a su plenitud en la resurrección final, de la cual María es anticipo y vínculo con Aquel que es el Camino a la Vida, Jesucristo, Señor de la historia.

 

Un bendecido próximo domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO                                           Lc 1, 46-48. 49-50. 51-53. 54-55 (R.: cf. 49)

R. El Señor hizo en mí maravillas:
¡gloria al Señor!


«Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz. R.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen. R.

Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías. R.

Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham
y de su descendencia para siempre.» R.

Basilica de Luján

 

SANTA ROSA DE LIMA

Santa Rosa de Lima

PATRONA DE AMÉRICA LATINA

Santa Rosa nació en Lima (Perú) en 1586; murió en la misma ciudad el 24 de agosto de 1617. Mujer laica, que consagró su vida en virginidad, formando parte de la tercera Orden de Santo Domingo.

Apasionada de amor por Dios, lo sirvió en sus hermanos más pobres. Anunció con entusiasmo el mensaje de salvación que dio sentido pleno a su vida.

Que ella interceda por nuestra América Latina tan sufriente por causa de la injusticia, la violencia y la exclusión. Que podamos compartir las riquezas naturales y humanas de nuestras tierras de tal modo que a nadie le falte lo necesario para la vida. Que podamos encontrar en Jesús el verdadero tesoro que ilumina nuestra existencia.

RECORDAMOS A SAN VICENTE PALLOTTI

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Su fiesta litúrgica es el 22 de enero. Cada día 22 le damos gracias a Dios por su vida. A través de él hemos recibido un carisma que enriquece a todo el pueblo de Dios.

San Vicente sostenía que Jesús nos dejó el precepto del amor como el más importante y el que sintetiza todos los mandamientos. El amor nos mueve a buscar el bien de los demás como nuestro propio bien. El don más grande que tenemos es la Fe. Amar implica, por lo tanto, comunicar este don precioso a los demás. Porque para nosotros es nuestro bien mayor, tenemos que compartirlo, ofrecerlo, anunciarlo. Esto es lo que llamamos apostolado. Fundados en el mandamiento del amor, todos tenemos el deber y el derecho del apostolado.

Por el bautismo, que nos unió a Cristo para siempre, todos participamos de la misión evangelizadora de Cristo y de la Iglesia.

Que, por intercesión de San Vicente Pallotti, el Señor nos regale la alegría de una vida comprometida con la misión evangelizadora de toda la Iglesia, para que cuanto antes llegue ese momento tan deseado de la unidad, en el que habrá un solo rebaño y un solo Pastor.