COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXIII  domingo durante el año

CICLO A

19 de noviembre de 2017

Parabola de los Talentos

La parábola de los Talentos. S. XVII. Willem de Poorter  Óleo sobre lienzo
Galería Nacional de Praga , Praga, República Checa

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        25, 14-30

“Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”.

“Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido un solo talento. “Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!”. Pero el señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Palabra del Señor.

 

Jesús continúa enseñando que debemos estar vigilantes ante la llegada del Reino, el domingo pasado nos mostró el aspecto festivo de esa llegada, ahora nos hace saber que existe una responsabilidad de trabajar para que a su llegada entreguemos frutos obtenidos de la utilización de los dones que nos ha dado.

A través de esta parábola, donde un hombre rico decide dar en custodia sus bienes mientras se va de viaje, definido por sus mismos servidores como un severo y ambicioso, que pretende ganancias aún dónde no ha sembrado.

El relato dice que al repartir no dio la misma cantidad de dinero a todos, sino que a unos más y a otros menos, tampoco les dio la orden de hacerlo producir. Pero parece que los servidores conociéndolo buscaron la manera de multiplicar el dinero recibido en custodia, menos uno que, por temor, no quiso arriesgarse y escondió lo recibido para devolverlo intacto.

Para tener una idea del dinero entregado, un talento es el equivalente a seis mil monedas de plata, una moneda de plata es un denario, el valor de una jornada de trabajo. Es decir que al que le dio cinco talentos le dio treinta mil monedas de plata.

Cuando el hombre regresa, sucede que reclama su dinero y las ganancias, tal como los dos primeros servidores supusieron que obraría, así éstos le entregaron el dinero y las ganancias obtenidas, recibiendo una felicitación y el pase a participar del gozo de su señor, el banquete con el cual el patrón celebra su regreso, más la promesa de que se le encargará mucho más. Pero justamente el que recibió menos, el que dice saber conocerlo y lo define justamente como un hombre exigente y avaro confiesa su temor y devuelve el talento recibido intacto, tal como lo recibió, ni más ni menos.

Desde nuestra perspectiva cabría también una felicitación ya que haber conservado lo que recibió puede ser visto como un mérito en sí mismo. Pero en la parábola, este servidor es juzgado precisamente por sus mismas palabras, “si sabías… tendrías que haber colocado el dinero en el banco, … así lo hubiera recuperado con intereses”. Y, además de ser reprendido es castigado.

De esta manera Jesús se dirige a los que buscan custodiar los dones recibidos de parte de Dios, y se sienten orgullosos por mantenerlos intactos. Pero por la parábola entendemos que los dones que se nos han confiado, los recibimos para hacerlos producir, si los guardamos celosamente no estamos obrando bien, cuando el Señor venga nos pedirá cuenta sobre lo que hemos hecho con los dones recibidos.

Todos hemos recibido talentos, en mayor o menor medida, cada uno con la ayuda del Espíritu Santo debe buscar la manera de hacerlos producir. No debemos esconder esos dones detrás del velo de una falsa humildad diciendo que no somos capaces de hacer esto o aquello, es verdad no todos tenemos las mismas capacidades, pero alguna capacidad tenemos y está para ponerla al servicio de los demás. Es importante saber reconocer los talentos que Dios nos dio, para así “invertirlos” y hacerlos crecer.

Si bien la parábola se proclama a todos los que formamos parte del Pueblo de Dios, no deja de ser un llamado de atención a los pastores de la Iglesia, a quienes se nos ha confiado el tesoro de los sacramentos, para ser dispensadores de los mismos. A veces, como el que recibió un talento, nos escudamos en las normas haciendo una interpretación estricta y al mismo tiempo errada, incluso agregando más de lo que la norma dice, para no arriesgar temiendo perder lo que se nos ha confiado.

Pero hoy Jesús nos dice que a todos se nos pedirá cuenta del modo como hemos utilizado los bienes que nos ha dado, y nos pedirá los frutos, advirtiéndonos que si le devolvemos exactamente lo mismo que nos ha dado se nos quitará lo que se nos confió y seremos privados de participar del gozo del Señor.

 

Esta parábola es una invitación a preguntarnos:
¿Qué talentos me ha dado Dios?
¿Qué estoy haciendo con esos talentos?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 127, 1-5 

R. ¡Feliz quien ama al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien. R.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! R.

 

 

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COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXII  domingo durante el año

CICLO A

12 de noviembre de 2017

Parábola de las vírgenes sabias y necias

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo      25, 1-13 

    “Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, 4 mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?”. Pero estas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

 Palabra del Señor.

 

Estamos muy cerca del fin del ciclo litúrgico, la liturgia en este domingo y en el próximo insistirá en la actitud de vigilancia ante la llegada del Reino, para en el último domingo del ciclo, solemnidad de Cristo Rey, presentarnos el cuadro del juicio final, dónde cada uno será juzgado según sus obras. De este modo en estos tres domingos se proclamará en su totalidad el capítulo 25 del evangelio según san Mateo.

Sin perder de vista el final, contemplemos este pasaje del Evangelio.

Así como la figura de la novia fue utilizada en el Antiguo Testamento para representar a Israel, en el Nuevo Testamento se utiliza para representar a la Iglesia (nuevo Pueblo de Dios), y el banquete de bodas hace alusión a la felicidad plena y definitiva del Reino de Dios.

De acuerdo a las costumbres de la época y cultura de Jesús, en la noche de la fiesta de bodas, el esposo se dirige a la casa de la novia para llevarla al nuevo hogar. Para ello el novio viene acompañado por sus amigos, y la novia sale con el cortejo de sus amigas, y se forma así una procesión festiva en la que por la oscuridad de la noche es necesario ir iluminados con lámparas.

En la parábola, Jesús dice que eran diez jóvenes, cinco prudentes y cinco necias, prudencia y necedad son dos cualidades a las que se hace referencia con mucha frecuencia en la literatura sapiencial. Quien vive y obra de acuerdo con la instrucción dada por la Sabiduría divina es el sabio y prudente, mientras que quien no lo hace es el impío, el necio, así como el sabio y prudente llegará a la felicidad y adquirirá inmortalidad, el necio nunca logrará estos beneficios y su fin es la destrucción.

El esposo ha llegado a media noche, las jóvenes están dormidas. A la alerta dada, las cinco prudentes preparan sus lámparas, con el aceite que llevaron precavidamente como para que las lámparas no se apaguen. Las cinco necias, no fueron tan precavidas y sólo tenían sus lámparas preparadas para las primeras horas, no consideraron que el esposo podía llegar a altas horas de la noche, así es que cuando dan el aviso sus lámparas ya se están apagando. Mientras están ocupadas en encontrar un lugar dónde comprar el aceite, el esposo ha llegado y han cumplido con esta parte de la fiesta de bodas, las jóvenes que estaban preparadas ingresaron a la sala nupcial, la puerta ya se ha cerrado y no se volverá a abrir, es inútil insistir.

Para el evangelista Mateo, la figura del esposo está ligada a la enseñanza de la venida del Señor para instaurar definitivamente el Reino de los cielos, también nos enseña que para esa venida hay que estar preparados, del mismo modo nos dice también que esa venida ya comenzó con la resurrección de Jesús. A partir de ese momento, el Señor está viniendo todos los días y el Reino se va haciendo presente.

Para entender de que se trata esa vigilancia, debemos mirar atentamente las parábolas a las que se hace referencia sobre esta actitud, y veremos que no es otra cosa que cumplir bien con el oficio o ministerio que hemos recibido, dar frutos de acuerdo a los talentos dados, servir al prójimo ante la necesidad. No es más ni menos que vivir cada día de la mejor manera posible nuestra vocación cristiana, teniendo presente que el Señor viene constantemente a nosotros.

Así como las jóvenes se han dormido, también nosotros podemos estar, “dormidos”, distraídos en otras cosas, pero sin dejar de estar preparados. Es decir, que ante las situaciones que se nos pueden presentar a lo largo del día, sabremos dar la mejor respuesta posible, esas situaciones que se dan muchas veces sin que las busquemos las describe Jesús cuando habla del juicio (último domingo del ciclo A).

Por supuesto que las parábolas no debemos leerlas buscando una respuesta a todo en cada una de ellas, sino que debemos encontrar el sentido por el cual fue dicha, en ellas se exageran ciertos aspectos para evidenciar lo que se quiere transmitir. Cuando las jóvenes necias piden a las prudentes que les compartan el aceite, la respuesta de éstas parece de una total falta de caridad, al leer esperaríamos una mayor comprensión, a media noche es difícil que encuentren un lugar dónde comprar.

Lo que se quiere significar es que una vez que llega el Esposo, el tiempo de los preparativos ha terminado, ya es demasiado tarde para buscar lo que no se adquirió antes, y las disposiciones que unos tienen no se pueden transmitir ni prestar en esa hora.

La entrada a la fiesta de bodas indica la llegada de la felicidad eterna, es la plenitud de la alianza.

Esta realidad será un día, no sabemos cuándo pero ya ha comenzado con la resurrección de Jesús, y nosotros comenzamos a gozarlo a partir del bautismo, y cada día se va acrecentando. En la celebración eucarística, la Iglesia, Esposa, proclama el triunfo del Esposo, Cristo, y le pide que venga.

De esta manera, el Señor nos invita a estar preparados para esa venida definitiva, estando vigilantes, atentos a sus pequeñas venidas en el día a día. Cuando los cristianos realizamos obras de caridad, no lo hacemos por simple filantropía, sino porque en el otro está Cristo presente, a veces tan desfigurado que ni aspecto humano tiene.

La prudencia de la que habla Jesús en la parábola, no es la simple prudencia humana, sino la que se adquiere cuando nos dejamos instruir por la Sabiduría de Dios, que se ha manifestado a los hombres a través de la Palabra, la que se manifiesta desde el primer versículo del Génesis hasta el último versículo del Apocalipsis. Cuando configuramos nuestra vida a través de la escucha y meditación de la Palabra de Dios, y la ponemos en práctica, nos vamos haciendo sabios y prudentes, y nos vamos “capacitando” para entrar al banquete del Reino, esta es la condición que tienen las jóvenes que entraron a la fiesta de bodas. Desde el momento que nacemos, estamos invitados al banquete eterno, nos toca a cada uno capacitarnos para entrar cuando llegue la hora, ya que no basta con estar invitados.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 62,2.3-4.5-6.7-8 
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansía de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas
canto con júbilo. R/.

COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXI  domingo durante el año

CICLO A

5 de noviembre  de 2017

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Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        23, 1-12 

    “Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado».”

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos: 

El auditorio al que Jesús se dirige, es similar al del discurso del monte (las bienaventuranzas), la multitud y sus discípulos, a los que previene sobre la actitud negativa de los escribas y fariseos, en una primera parte del discurso, para luego enfocar la atención sobre su comunidad, los que quieren ser sus discípulos.

Los escribas, o maestros de la Ley, en tiempos de Jesús, se especializaban en la lectura e interpretación de las Sagradas Escrituras, algunos pertenecían al partido religioso de los fariseos, éstos últimos eran un partido político religioso que había nacido en momentos difíciles del pueblo judío. En momentos de persecución religiosa con motivo de las invasiones de los griegos y los romanos, muchos miembros del pueblo se doblegaron y aceptaron la religión pagana, o permitieron que entraran costumbres e ideas del paganismo. Entre los que cedieron se contaba un buen número de sacerdotes. Frente a esta situación, los judíos más piadosos se agruparon e hicieron frente a esta infiltración del paganismo ya que significaba una amenaza para la religión y la identidad de Israel. Recordemos que las veces que el pueblo fue detrás de dioses paganos, rompió la Alianza, experimento grandes sufrimientos, como el exilio, por ejemplo. Este grupo recibió el nombre de fariseos, que significa “separados”, ya que se apartaron de los demás asumiendo una actitud de total intransigencia ante los invasores. El punto central de su práctica religiosa, era la estricta observancia de la Ley. Opuestos a los invasores paganos y a los sacerdotes que colaboraban con los dominadores. Se dedicaban al estudio de la Ley y la tradición día y noche para conocerlas mejor y así practicarlas sin defectos, llegando a una práctica, muchas veces, ostentosa como para que sirviera de reproche a aquellos que preferían acomodarse al imperio de turno. El problema está en que muchas veces, algunos de ellos caían en faltas graves cómo la ostentación y la jactancia, cuando sus prácticas tenían como objetivo sólo el ser vistos, llegando, incluso a lo que el Evangelio llama “hipocresía”, cuando sus prácticas de piedad eran sólo un barniz que no respondía sus convicciones interiores. Es a éstos que cuestiona Jesús, ya que, con otros, que no merecían este reproche, en varias oportunidades Jesús ha compartido la mesa.

Jesús reconoce que las enseñanzas de los fariseos son buenas, por eso manda hacer lo que ellos dicen, pero nos advierte de su ejemplo, no hacer nada de lo que ellos hacen. Desaprobando la exterioridad y la hipocresía. Esas cargas pesadas a las que se refiere, son las interpretaciones rígidas y severas de la Ley, que con el deseo de ser más observantes que los demás imponían su propia interpretación como absoluta pretendiendo obligar a los demás. De este modo la Ley era más un obstáculo para el hombre que camino para llegar a Dios. Los fariseos hipócritas eran muy estrictos para con los demás, pero ellos no eran así consigo mismos cuando nadie los veía.

Por eso para ser vistos, exageraban agrandando las filacterias, esas franjas con los textos de las escrituras que los judíos piadosos se atan en la frente y en las manos cuando tienen que rezar ciertas oraciones, para cumplir de manera simbólica, el precepto que dice que los mandamientos de Dios deben ser llevados como una atadura en las manos y como un colgante ante los ojos. El tema es que estos fariseos las llevaban también fuera de los momentos de culto. Lo mismo, la prescripción que dice que se hagan borlas o flecos en los bordes del manto, el mismo Jesús los usaba, un dato de esto lo tenemos en la escena de la mujer que se acerca a tocarle los flecos del manto para obtener la salud.

Lo mismo sucede con los primeros lugares en los banquetes y en las sinagogas, que se reservan para determinadas personas. La crítica de Jesús se dirige a los que buscan esos lugares simplemente para ponerse “por encima” de los demás, evidente acto de soberbia, lo mismo sucede con los saludos.

Al dirigirse a los discípulos, comienza con “no se hagan llamar…” esto Jesús no lo hace en nombre de ninguna ley, sino a partir de la nueva realidad que se vive en el Reino de Dios, él es nuestro único Maestro y Padre, Cristo el único Doctor, y entre nosotros somos hermanos, y si hay algo que en lo que podemos destacarnos y aspirar a ocupar el primer lugar es en el servicio desinteresado a los demás.

No es cuestión del uso de las palabras o títulos, sino de la actitud de búsqueda de esos títulos pretendiendo ponernos por encima de los demás. San Pablo no tiene problema en ser llamado Maestro, y el mismo enseña que hay muchos maestros.

Los títulos en la Iglesia, indican servicio, que debe conducir a descubrir la paternidad de Dios, y comprender las enseñanzas del único Maestro.

Para Jesús el mayor en la comunidad es el que se pone al servicio de los demás, es decir el que adquiere las mismas actitudes de Él.

Nada en los Evangelios está escrito porque sí, Mateo trae a la memoria de su comunidad estas palabras de Jesús porque seguramente que en ella habría aparecido esta tentación de dominio, y nos lo repite a nosotros porque estamos expuestos a la misma tentación, sacerdotes y laicos.

 

Nos preguntamos: ¿Mis prácticas religiosas son un reflejo de lo que llevo en mi corazón? ¿Cuándo realizo algún servicio, lo hago desinteresadamente, o busco los aplausos?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 130, 1.2.3
R. Guarda mi alma en paz, junto a ti, Señor
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R/.

Sino que acallo
y modero mis deseos,
como un niño
en brazos de su madre. R/.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R/.

 

COMENTARIO AL EVANGELIO

XXX domingo durante el año

CICLO A

29 de octubre de 2017

El Salvador. El Greco

El Salvador. El Greco

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo       22, 34-40 

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»

Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Este diálogo de Jesús con el doctor de la ley, está dentro del conjunto de discusiones que mantiene, en el templo, con diversos grupos del judaísmo y que vinimos escuchando en estos últimos domingos. La intención sigue siendo ponerlo a prueba. Este episodio hace referencia a un encuentro previo de Jesús con los saduceos que no es proclamado en los domingos de este ciclo y que se refiere al tema de la resurrección; en la cual, los saduceos, no creían.

La pregunta que le hacen a Jesús responde a una necesidad que los maestros tenían de poder sintetizar, de una manera realizable, el cumplimiento de la ley, ya que esta contenía 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 obligaciones a ser realizadas). Conocer y practicar todos ellos era prácticamente imposible. Los especialistas de la ley se preguntaban cómo poder encontrar una síntesis que le permitiera ser fieles a Dios.

Jesús responde combinando dos mandamientos: el del amor a Dios (Dt 6,4-5) y el del amor al prójimo (Lv 19,18). Los presenta como la síntesis de la ley y los profetas; es decir, de toda la Escritura. Podemos decir que toda la Palabra revelada se resume en ellos; todo otro mandamiento es una explicitación del único mandamiento del amor.

San Pablo enseña “Que la única deuda con los demás sea del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió la ley. .. el amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la ley”. (Rom 13,8-10). San Pablo dice, también que el amor es un camino: “Caminen en el amor (Ef. 5, 2). Ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía” (1Cor 12, 13) y a continuación escribe el himno a la caridad (1 Cor 13), en donde expresa que puedo entregar mi cuerpo a las llamas pero si no tengo amor de nada me sirve. Es el amor lo que da sentido profundo a todo lo que hacemos. No es un mandamiento que nos viene de fuera, está inscripto en nuestra naturaleza humana. Fuimos creados a imagen de Dios y Dios es amor. Sólo en el amor nuestra vida encuentra su sentido, su plena realización.

Podemos preguntarnos qué es amar. Hoy, esta palabra, se usa de tal manera que expresa realidades hasta opuestas entre sí.

El Papa Benedicto XVI nos ilumina enormemente, en este tema, en su primera Encíclica Deus Caritas est, promulgada el 25 de diciembre de 2005. Ahí nos señala dos dimensiones del amor:

  • El amor de eros o amor de complacencia. Por él gozamos la presencia del otro como un bien en nuestra vida. No amamos su utilidad sino el bien de su persona. Es el amor propio de los esposos, el amor que da inicio al camino de la amistad, el amor que nos mueve encontrarnos espontáneamente con alguien y disfrutar su presencia. Dios nos ama con un amor de complacencia y nosotros, también, somos invitados a gozar de su presencia en nuestras vidas.

  • Una segunda dimensión, es el amor de ágape o de donación. Nuestra realización más profunda está en comprometer nuestra vida con el bien de los demás. Fuimos creados a imagen de Jesucristo quien vivió su vida en compromiso continuo con el bien de los otros. Cuando amamos con su mismo amor, nos realizamos profundamente como personas. Nuestro verdadero bien es el compromiso con el bien de cada persona que Dios pone en nuestro camino. Es la dimensión del perdón, del devolver bien por mal, de buscar para el otro el mismo bien que quiero para mí. Esta dimensión nos da la libertad de un amor no condicionado por la respuesta del otro o por la compensación recibida. Purifica el amor de todo egoísmo y nos lleva a una experiencia fuerte de identificación con Jesús.

En su enunciado, Jesús enfrenta a sus adversarios no con dos textos legales, sino con la persona de Dios y con la del prójimo. Lo original del mensaje de Jesús es la vinculación indisoluble entre ambos. El amor a Dios es la raíz que alimenta el árbol del amor al prójimo, le da fundamento y lo hace posible. Sólo desde un vínculo profundo de amor con el Señor podemos vivir el verdadero amor al prójimo. Un amor a Dios que implica la entrega de todo nuestro ser a Él, poner toda nuestra vida a su servicio. Dios es raíz, fuente y origen del amor; bebiendo de esa fuente podemos amar a los demás con su mismo amor.

El amor a Dios se expresa en el amor al prójimo en quien Dios vive. El amor al prójimo como a sí mismo, comenta San Agustín, en la práctica, es el primero, porque amando a quien vemos purificamos nuestros ojos para que podamos amar a quien no vemos.

El Cardenal Pironio decía: No hay más que un modo de servir plenamente a los hombres, servir a Jesucristo. No hay más que un modo de servir plenamente a Jesucristo, servir a los hombres. Sólo por amor a Dios amamos verdaderamente al hermano con un amor de libertad y gratuidad. Quien no funda su vida en un vínculo de amor con Dios, empieza a demandar a los demás que sean como Dios, comienzan a exigir una plenitud de amor que sólo Dios nos puede dar. En Cristo, Dios y el hombre se han unido para siempre; no se puede amar a Dios sin amar al hombre.

Nosotros también podemos sentirnos abatidos y confundidos, como el pueblo judío, ante el peso de muchos compromisos y tareas; muchas veces podemos experimentarnos dispersos en muchas cosas. El hacerlo todo por amor a Dios y a los hermanos, le da sentido y unidad a nuestra vida.

Nos preguntamos: ¿El amor a Dios y a los hermanos, unifica y da sentido, en lo cotidiano, a nuestra vida, tareas, compromisos y vínculos? ¿Cómo expresamos, en lo concreto, nuestro amor a Dios y al prójimo?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

SALMO RESPONSORIAL                          Sal 17, 2-4. 47. 51ab (R.:2)    

R. Yo te amo, Señor, mi fortaleza.

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. 
R.

Mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.

¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!
¡Glorificado sea el Dios de mi salvación.
Él concede grandes victorias a su rey
y trata con fidelidad a su Ungido. R.

 

 

 

COMENTARIO AL EVANGELIO

XXIX  domingo durante el año

CICLO A

22 de octubre  de 2017

La moneda del Cesar-Antonio Arias

La moneda del César. Antonio Arias. Museo del Prado     

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo         22, 15-21 

    Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque Tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?»

    Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto».

    Ellos le presentaron un denario. Y Él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?»

    Le respondieron: «Del César».

    Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios» 

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos: 

Es interesante observar que la pregunta es: ¿Está permitido pagar el impuesto…? ¿A qué se debe esa interrogación? En la época de Jesús, el reino de Judá estaba sometido al imperio romano. Un gobernador ejercía la autoridad en nombre del emperador que, en esa época, era Tiberio César. El emperador usaba títulos divinos y exigía actos de culto a su persona. Las monedas llevaban la figura del emperador en ese momento, Tiberio César Augusto, y una inscripción que decía hijo del divino Augusto; en el reverso llevaba la figura de una mujer portando los atributos de la diosa de la paz. Esto, a los judíos religiosos, les traía grandes conflictos; cómo le iban a rendir culto a un hombre que se ponía en lugar de Dios. Por otro lado, el imperio les exigía el pago de grandes sumas de dinero en calidad de impuesto, llevando al pueblo de Judá a una condición de gran pobreza. Esta situación los condujo, después de la muerte y resurrección del Señor, a una triste y violenta guerra. Todo esto nos aclara respecto el sentido de la pregunta.

Justamente van los fariseos junto a los herodianos para ponerlo a prueba; dos grupos que podemos considerar antagónicos en varios aspectos. Los fariseos eran hombres religiosos que intentaba cumplir y hacer cumplir la ley en toda su extensión, defensores de la independencia del pueblo de Israel, promovían la pureza del culto que sólo se puede rendir a Dios. Los herodianos, en cambio, era un grupo político que luchaban para que toda palestina estuviera bajo el gobierno de Herodes, un judío representante del Imperio y, por lo tanto, vasallo del mismo; no les interesaba mucho el tema religioso y eran considerados “entreguistas” al imperio dominante.

Ambos grupos, enfrentados entre sí, se juntan para tenderle una trampa a Jesús ¿En qué consiste la trampa? Si él responde que no paguen los impuestos, podía ser acusado, por los herodianos, de sublevarse a la autoridad del emperador, como sucedió cuando los sumos sacerdotes lo llevaron preso ante Pilatos. Si decía que pagaran los impuestos, podía ser acusado, por los fariseos, de traidor al pueblo y adorador del César.

Jesús, conociendo su malicia, los desenmascara. No les responde inmediatamente sino que les pide una moneda y les hace una pregunta a la que todos conocían su respuesta. ¿De quién es esa figura y esa inscripción? “Del César”, le respondieron. Entonces den al César lo que le corresponde al César y a Dios lo que le corresponde a Dios.

¿Qué le corresponde al César y qué le corresponde a Dios?

Todo cristiano se ha de vincular con la autoridad civil desde su misma condición de cristiano. Esto significa respetar la autoridad en todo aquello que hace al límite de su incumbencia y que no contradiga su conciencia; contribuir, en lo que corresponde y es justo, con la comunidad civil. Significa, también, respetar la autoridad sin darle el lugar de Dios; toda autoridad civil ejerce siempre un poder limitado. El poder absoluto de nuestra vida lo tiene el Señor y sólo a Él debemos rendir culto y una total obediencia.

Cuando estas dos obediencias entran en contradicción, es a Dios al que tenemos que obedecer. Debemos obediencia a Dios antes que a los hombres; sólo a Él le rendiremos culto.

Cuando una autoridad civil se hace dueña de las vidas de las personas, cercena sus derechos fundamentales o quiere imponer su pensamiento como el pensamiento único, no aceptando críticas o cuestionamientos, se coloca en lugar de Dios.

Entregarle nuestra vida al Señor nos da la libertad de aquel que no tiene otro Dios que el mismo Dios. Cuando Dios no ocupa el lugar que tiene que ocupar en nuestras vidas comenzamos a idolatrar personas, objetos materiales, ideas, costumbres. Y esto nos lleva a un profundo vacío interior. Cuando Dios es el sentido último de nuestras vidas, todo lo que hacemos y tenemos lo ponemos a su servicio y al servicio de su Reino.

Es importante nuestra participación en la vida política y social de nuestro pueblo, cada uno conforme a su vocación y lugar. Es necesario, también, comprender que la Iglesia no se identifica con ninguna ideología, plataforma política o poder temporal. Ninguno de ellos expresará nunca en plenitud el contenido de nuestra Fe. Nos toca a los cristianos, en fidelidad a la verdad revelada, al magisterio de la Iglesia, a su doctrina social y a su tradición, hacer nuestro discernimiento y optar conforme a él, dándole a Dios el lugar que tiene y respetando la sana autonomía de los asuntos temporales; contribuyendo al progreso y a la justicia social desde nuestra identidad como cristianos.

Hay otro aspecto, en este Evangelio, que nos ayuda a mirar nuestras actitudes. Los fariseos y herodianos se acercan a Jesús para sorprenderlo en alguna contradicción. ¿Con qué actitud nos acercamos nosotros a los demás? Muchas veces podemos vernos tentados a buscar en primer lugar el defecto en el otro, lo que está mal, sus errores o contradicciones. Jesús nos invita a aproximarnos al otro con una actitud de ayuda y animación, como Él los hizo, buscando ayudar a nuestros hermanos a crecer en todo lo bueno que Dios puso en ellos, animándolos en el camino de la fe.

Que en la meditación de este Evangelio, el Señor convierta nuestro corazón, haciéndonos crecer en el amor verdadero que siempre es compromiso con el bien del otro. Cuando ayudamos a otro a crecer en el bien, crecemos nosotros.

 

Nos preguntamos: ¿Ocupa Dios el lugar más importante en mi vida? ¿Participo de la vida ciudadana desde mi identidad de cristiano, fiel al Evangelio y sus valores?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 95, 1. 3-5. 7-10ac (R.: 7b)

R. Aclamen la gloria y el poder del Señor.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos. R.

Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Los dioses de los pueblos no son más que apariencia,
pero el Señor hizo el cielo. R.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor.
Entren en sus atrios trayendo una ofrenda. R.

Adoren al Señor al manifestarse su santidad:
¡que toda la tierra tiemble ante Él!
Digan entre las naciones: «¡el Señor reina!
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud». R.

COMENTARIO AL EVANGELIO

XXVIII  domingo durante el año

CICLO A

15 de octubre  de 2017

Pantocrátor. Catedral de Cefalú. Palermo

Pantocrátor. Catedral de Cefalú. Palermo

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo         22, 1-14  

    Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

    El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.

    De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: «Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas». Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

    Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: «El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren».

    Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

    Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?” El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: «Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes».

    Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.   

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Esta parábola está a continuación de las proclamadas en los domingos anteriores. Se trata del mismo escenario y está dirigida a las mismas personas: los sumos sacerdotes y fariseos, las autoridades judías. Recordemos que, en el Evangelio del domingo anterior, se dice que los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta. Jesús no se deja intimidar y sigue proclamando con absoluta libertad interior el mensaje de salvación.

La imagen tomada en esta parábola no es, como en las anteriores, referidas a la viña sino a la boda, imagen e muy usada en el Antiguo Testamento para señalar el encuentro del pueblo con su Dios. En el Nuevo Testamento, la imagen alude al Mesías esposo.

Según una costumbre de la época, las invitaciones a una boda se hacían reiteradamente; primero, con bastante anticipación, luego se enviaba una segunda invitación más próxima a la fiesta, y por último, una en el mismo día. El rey es el Padre Dios que nos invita a la fiesta mesiánica, a la celebración de las bodas de Dios con su pueblo realizada en su Hijo. Dios envía a sus servidores, los profetas y los apóstoles, para invitar a celebrar esta alianza de amor. Los primeros en recibir la invitación la rechazan. Se hace una referencia concreta al pueblo de la primera alianza, sobre todo a sus autoridades. Es interesante observar que el rechazo es por tener la vida comprometida en otras cosas: el dinero… el campo… los bienes materiales… la seguridad individual… las posesiones… No sólo hay rechazo, algunos maltratan y matan a estos servidores; muchos de los profetas fueron perseguidos y muertos por haber sido fieles a la invitación hecha por Dios a su pueblo. Se habla de la destrucción y el incendio de la ciudad, en clara alusión a la caída y destrucción de la ciudad de Jerusalén.

Se realiza una última invitación y los mensajeros son enviados a los caminos a invitar a todos, buenos y malos. Hay aquí una clara alusión a los paganos cuando se habla de los que están fuera de la ciudad. No somos invitados conforme a nuestros méritos sino a la bondad infinita de Dios.

Mateo, a diferencia de Lucas, agrega unos versículos a esta parábola, referido a la condición puesta para participar de la fiesta: tener el traje adecuado. Muy posiblemente se trate de otra parábola de Jesús que Mateo prefirió insertarla aquí. Quizá, el evangelista, tenga la intención de aclarar las cosas. Si bien todos somos invitados, la participación en la fiesta exige ciertas condiciones; es necesario tener el vestido adecuado. La vestimenta habla de la persona, de sus estilos y costumbres, de su manera de vivir. Para participar de la fiesta mesiánica, es necesario revestirse de Cristo, dejarse transformar por Él. Se trata de la vestidura del hombre nuevo.

Nosotros también somos invitados a la fiesta del encuentro con Dios. La fiesta es una dimensión muy importante en nuestra vida.

Quizás antes las fiestas eran diferentes. No había música que aturdiera, se podía dialogar, contar anécdotas, transmitir la historia familiar a las nuevas generaciones, hacer memoria de los que nos precedieron y alentar a los jóvenes a formar una familia. Había menos electrónica y comidas sofisticadas y más calidez. Hoy, las fiestas son, muchas veces, momentos de aturdimiento y gala de vanas superficialidades; todo está programado por la empresa que la organiza para poder vendernos sus productos. Se perdió, en parte, lo espontáneo, lo comunicacional, la alegría de lo simple, sencillo y cotidiano; lo elaborado por las propias manos para compartir, la música hecha en casa, el cuento y el humor sano, el baile familiar.

La fiesta nos habla de alegría y de celebración comunitaria, nos habla de familiaridad y amistad; de encuentros entre jóvenes y viejos; de diálogo y expresión artística. El encuentro con Jesucristo implica todo esto. El cristiano está llamado a vivir, en comunión con sus hermanos, la alegría de la alianza de Dios con su pueblo.

La fiesta mesiánica comienza en esta vida porque ya estamos en comunión con el Hijo por la acción del Espíritu Santo; y, en Jesús, estamos en comunión entre nosotros. Las bodas llegarán a su plenitud en la consumación de los tiempos. Cada banquete eucarístico es un anticipo y una preparación al banquete definitivo. Somos invitados a recuperar esta dimensión de fiesta que celebra y alimenta nuestra fe.

 

Nos preguntamos: ¿Vivo la vida en clave festiva, celebrativa? ¿Celebro el encuentro cotidiano con Cristo y con mis hermanos? ¿Me anima la esperanza del banquete definitivo?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                          Sal 22, 1-6 (R.: 6cd)

R. El Señor nos prepara una mesa.

El señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.

COMENTARIO AL EVANGELIO

XXVII  domingo durante el año

CICLO A

8 de octubre  de 2017

La parábola de los obreros de la viña. Catedral de Zamora.

Tapiz Flamenco. Serie: La parábola de los obreros de la viña. Catedral de Zamora.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo        21, 33-46 

    Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

    «Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

    Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

    Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo.” Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

    Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?»

    Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo».

    Jesús agregó:«¿No han leído nunca en las Escrituras:

        “La piedra que los constructores rechazaron

        ha llegado a ser la piedra angular:

        esta es la obra del Señor,

        admirable a nuestros ojos?”

    Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».

    Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta. 

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Continuamos meditando parábolas de Jesús que hacen referencia a la viña. Hace dos domingos proclamamos la referida al salario de los trabajadores; el domingo pasado, a la actitud asumida por dos hijos ante el pedido de su padre para que fueran a trabajar a su viña. Hoy, se nos invita a meditar respecto a la propiedad de los frutos.

En las tierras habitadas por el pueblo de Israel, cuidar una viña implicaba mucho esfuerzo. Se trataba de un terreno muy pedregoso; esto implicaba sacar las piedras, plantar con dificultad, cavar para conseguir agua, cercarla y vigilarla ante el peligro de los animales salvajes.

En el Antiguo Testamento, la imagen de la viña representa al pueblo elegido por Dios. El pueblo de Israel es la viña amada de Dios, quien le dedica todo su cuidado. En la primera lectura de la misa de este domingo (Is 5, 1-7) se proclama el amor del viñador por su viña, su preocupación por cuidarla y como, a pesar de tantos cuidados, la viña termina dando frutos agrios.

Jesús retoma esta imagen pero no se refiere a la calidad de los frutos sino a la actitud de los arrendadores que roban esos frutos e intentan hacerse dueños de la viña. El tema de los frutos es muy fuerte en el Evangelio según san Mateo. Es clara la imagen del hijo, como el heredero, aludiendo a Él mismo.  Este hijo es arrojado fuera de la viña; Jesús muere fuera de la ciudad de Jerusalén. Según el derecho existente, se podría interpretar que, al no haber herederos y morir el dueño, la viña pasa  a ser propiedad de los arrendatarios. Los sumos sacerdotes y fariseos, comprenden que esta parábola se refiere a ellos y buscan la manera de detenerlo.

Encontramos, en esta parábola, algunos aspectos que no sólo los podemos leer respecto al pueblo de Israel sino, también, en relación a la Iglesia y a cada uno de nosotros.

En primer lugar, el tema de la propiedad. Como Iglesia, como pueblo de Dios, somos su propiedad. Esto implica, por un lado, una actitud de verdadero servicio de parte nuestra. No somos dueños de la historia, de las personas, de la vida,  de la Iglesia, de las comunidades a las cuales pertenecemos. Somos simples servidores. El servidor es fiel a su Señor y todo lo hace conforme a su voluntad. Esta actitud de servicio, además de hacernos atentos a la voluntad de Dios, nos da una profunda libertad y paz, fruto de la confianza en Aquel que dirige los tiempos y la historia. Cuando nos hacemos dueños no sólo caemos en actitudes de dominio sino, también, al ocupar un lugar que no nos corresponde, nos vemos superados por la realidad. Cuando nos ponemos en lugar de Dios queremos controlarlo todo, dominar todo, y de esa manera perdemos el gozo interior y la paz. Saber que el Señor nos ama con amor infinito, que nos cuida con ternura y que obra en cada uno de nosotros, nos invita a poner todo en sus manos y, sin eludir nuestra responsabilidad, confiar en su actuar en la historia. Sabernos servidores nos lleva a confiar en su luz y fortaleza; esto siempre nos descansa y nos vuelve a la paz. Poder decirle al Señor: esta persona, que está atravesando una dificultad, te pertenece,  es tuya, ponerla en sus manos. Dejar en manos de Dios aquellas situaciones difíciles de resolver,  poniendo, a la vez, lo mejor de nuestra parte para resolverla. La actitud del servidor es la de aquel que se deja conducir y que no se hace dueño.

Encontramos también, en esta parábola, una invitación a dar frutos y a saber que estos les pertenecen a Dios. Con facilidad confundimos el dar fruto con el tener éxito. Y no es lo mismo. Dar fruto es diferente a tener éxito. El éxito se mide por los números, por la calidad de la producción, por lo aparente y reconocido. El fruto, muchas veces pasa por el fracaso. El grano de trigo tiene que morir para dar frutos. Dar frutos es ser fecundos en dar vida. Los frutos evangélicos son la caridad, el gozo, la paz, la paciencia, la longanimidad, la bondad, la benignidad, la mansedumbre, la fidelidad, la modestia, la continencia, la castidad. Somos invitados a entregarle en cada eucaristía estos frutos al Señor porque Él hace posible nuestra fecundidad, a Él le pertenece todo porque todo lo hemos recibido de Él. Él es la piedra angular desde la cual se construye todo. Sólo da frutos verdaderos aquel que reconoce en lo vital de cada día que sin el actuar amoroso de Dios en nuestra vidas, nuestros frutos serían muy pobres y escasos.

Que podamos cuidar la viña que Él nos confió, cuidar  la vida de cada uno de nuestros hermanos, como Él cuida la nuestra, poniendo nuestra confianza en Él y entregándole todo lo que de Él hemos recibido.

Nos preguntamos: ¿Nos experimentamos servidores o algunas veces nos asalta el espíritu de dominio? ¿Es Cristo la piedra angular de nuestra vida, a partir de la cual construimos el bien?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                 Sal 79, 9. 12-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a)

R. La viña del Señor es su pueblo.

Tú sacaste de Egipto una vid,
expulsaste a los paganos y la plantaste;
extendió sus sarmientos hasta el mar
y sus retoños hasta el Río. R.

¿Por qué has derribado sus cercos
para que puedan saquearla todos los que pasan?
Los jabalíes del bosque la devastan
y se la comen los animales del campo. R.

Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso. R.

Nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,
que brille tu rostro y seremos salvados! R.