SANTA ROSA DE LIMA

Santa Rosa de Lima

PATRONA DE AMÉRICA LATINA

Santa Rosa nació en Lima (Perú) en 1586; murió en la misma ciudad el 24 de agosto de 1617. Mujer laica, que consagró su vida en virginidad, formando parte de la tercera Orden de Santo Domingo.

Apasionada de amor por Dios, lo sirvió en sus hermanos más pobres. Anunció con entusiasmo el mensaje de salvación que dio sentido pleno a su vida.

Que ella interceda por nuestra América Latina tan sufriente por causa de la injusticia, la violencia y la exclusión. Que podamos compartir las riquezas naturales y humanas de nuestras tierras de tal modo que a nadie le falte lo necesario para la vida. Que podamos encontrar en Jesús el verdadero tesoro que ilumina nuestra existencia.

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XXI DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 16,13-20 

 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»

    Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

    «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

    Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

    Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». 

Luego que Simón, inspirado por Dios, revela la auténtica identidad de Jesús, Jesús le revela su misión. El encuentro personal con el Señor, siempre nos lleva a madurar tres dimensiones de nuestras vidas:

  • Jesús nos revela nuestra misión en el mundo.

Dios es el origen de nuestra existencia. Somos llamados por Dios a la vida y a ser en ella una presencia única e irrepetible. Dios regala a la humanidad, a través nuestro, un don original. El Señor nos llama, también, a una vocación específica. Somos llamados a asumir ministerios diversos en la vida de la Iglesia.

  • Jesús nos revela nuestra pertenencia a la Iglesia

La Iglesia no es una mera realidad sociológica. Está fundada en Cristo. Él es la cabeza de su cuerpo que es la Iglesia. Esta Iglesia encuentra su comunión, su unidad, en el sucesor de Pedro, vicario de Cristo.

  • Jesús nos anima en la Esperanza.

“…el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella”. El poder de Jesucristo, es superior a cualquier otro poder. Nuestra esperanza se funda en la promesa del Señor. El mal será vencido y viviremos eternamente en la plenitud del bien.

Nos preguntamos: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién soy yo para Él?

¡Un bendecido domingo!

Mateo 16, 13-20

 

COMENTARIO AL EVANGELIO

XXI  Domingo   durante el año

CICLO A

27 de agosto de 2017

Entrega de las llaves a San Pedro-Pietro Perugino

Entrega de las llaves a San Pedro, de Pietro Perugino

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo        16, 13-20 

    Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»

    Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

    «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

    Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

    Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

    Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Qué razón tiene el tango cuando dice: la gente siempre habla. Lo que ocurre hoy, ocurría también en la época de Jesús; la gente hablaba de Él. Este diálogo nos presenta tres visiones de Jesús: la de la gente en general, la de los discípulos, que se expresan en Pedro, y la del mismo Jesús.

La opinión de la gente sobre quien era Jesús, cuando dicen: “Juan Bautista…Elías…Jeremías o alguno de los profetas”, no estaba fuera de lugar. Muchos en Israel estaban esperando el retorno de algunos de los profetas que prepararía la venida inmediata del Mesías.  La vuelta de los profetas indicaba la proximidad de la era mesiánica.

Pedro da una respuesta diferente. «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» Jesús le dice que esto no se lo reveló ni la carne ni la sangre. “La carne” y “la sangre” designaban al hombre completo en la debilidad de su condición terrena. Esto, Simón, hijo de Jonás, un ser humano como todo ser humano, no lo sacaste de tu débil condición de hombre. Esto te lo reveló mi Padre.

Jesús confirma esta respuesta de Pedro y agrega su señorío sobre la humanidad. Luego que Simón, inspirado por Dios, revela la auténtica identidad de Jesús, Jesús le revela su misión. Simón recibe el nombre de “Pedro” (“Cefas”), que significa “roca”. No era un nombre común en aquel tiempo; quizá hasta provocó risas en los demás discípulos. Este cambio de nombre, simboliza la misión que Jesús le confía. Dios elige a Pedro, hombre con virtudes y también con debilidades, muchas veces arrebatado y descontrolado, tres veces negó a Jesús; sin embargo, lo elige para que sea la piedra fundante de la Iglesia.

El encuentro personal con el Señor, en donde lo reconocemos como el verdadero hijo de Dios, el Mesías y el Señor de nuestras vidas, siempre nos lleva a madurar tres dimensiones de nuestras vidas:

  • Nuestra propia identidad.

Dios es el autor de nuestra vida. Existimos por su voluntad amorosa. En la gratuidad y plenitud de su amor, nos dio vida, a través de nuestros padres. Él es el origen de nuestra existencia. Nuestro ser es un ser “vocacionado”. Somos llamados por Dios a la vida y a ser en ella una presencia única e irrepetible; todos nosotros somos seres únicos e irrepetibles. Dios regala a la humanidad, a través nuestro, un don original. Somos llamados a poner nuestros carismas al servicio de los demás y a hacer de nuestras vidas, vidas ministeriales, al servicio de la comunidad y del Reino. El Señor nos llama a una vocación específica: el matrimonio, el celibato en la vida consagrada, el ministerio sacerdotal o diaconal, el laicado, la soltería y la viudez asumida y hecha don para la humanidad. Somos llamados a servicios específicos y a asumir ministerios diversos en la vida de la Iglesia. Y aquí se nos revela la segunda dimensión.

  • Nuestro ser Iglesia

“Iglesia” proviene de una palabra griega que significa “asamblea”. La palabra hebrea equivalente designaba, en el Antiguo Testamento, la comunidad del pueblo judío. Jesús va a usar muchas imágenes para significar la Iglesia: su viña, su rebaño, su esposa… La Iglesia es como un edificio en donde todas sus partes están bien ensambladas y Pedro es la roca que la sostiene. El edificio es un signo visible de lo que en realidad es la Iglesia: el nuevo pueblo de Dios, fundado en Cristo, nueva y eterna alianza. La Iglesia no es una mera realidad sociológica. Está fundada en Cristo. Él es la cabeza de su cuerpo que es la Iglesia. Esta Iglesia encuentra su comunión, su unidad, en el sucesor de Pedro, vicario de Cristo. Pedro puede ejercer su misión porque la piedra verdadera es Cristo; del Señor, Pedro recibe la gracia necesaria para cumplir su misión en la Iglesia. “Atar” y “desatar”, en el lenguaje de los rabinos, significaba declarar con autoridad lo que estaba prohibido o permitido. Esto implicaba el poder de excluir y reincorporar en la comunidad religiosa. Jesús le confía a Pedro la misión de definir aquello que constituye el contenido de nuestra fe y la misión de pastorear la Iglesia en su universalidad. Él nos indica a los cristianos que es lo conveniente o lo perjudicial, lo correcto o incorrecto. Su autoridad se funda en Jesús.

  • En la Esperanza.

“…el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella”. Literalmente, “las puertas del Infierno” o “del Abismo”. El “Abismo” era la morada de los muertos, y aquí se refiere a las fuerzas del mal que se oponen a la acción de Dios en el mundo y llevan a los hombres a la muerte eterna. El poder de Jesucristo, manifestado en su Iglesia es superior a cualquier otro poder. La Iglesia llegará a su plenitud de vida y comunión con la venida definitiva de Cristo. Nuestra esperanza se funda en la promesa del Señor. El mal será definitivamente vencido y viviremos eternamente en la plenitud del bien.

Si hoy el Señor nos preguntara quién soy yo para vos, ¿qué le responderíamos? No una respuesta dada desde nuestro conocimiento intelectual sino desde lo concreto de nuestra vida. ¿Qué lugar ocupa Jesús en lo cotidianos de nuestra existencia? Si cada día le decimos al Señor: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo», Él cada día nos revelará  nuestra identidad, nos confirmará en nuestro ser Iglesia y nos animará en la Esperanza

Nos preguntamos: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién soy yo para Él?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

  

SALMO RESPONSORIAL                               Sal 137, 1-3. 6. 8bc (R.: 8bc)

R. Tu amor es eterno, Señor,

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo
y daré gracias a tu Nombre. R.

Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad,
porque tu promesa ha superado tu renombre.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

El Señor está en las alturas,
pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos.
Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos! R.

 

 

RECORDAMOS A SAN VICENTE PALLOTTI

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Su fiesta litúrgica es el 22 de enero. Cada día 22 le damos gracias a Dios por su vida. A través de él hemos recibido un carisma que enriquece a todo el pueblo de Dios.

San Vicente sostenía que Jesús nos dejó el precepto del amor como el más importante y el que sintetiza todos los mandamientos. El amor nos mueve a buscar el bien de los demás como nuestro propio bien. El don más grande que tenemos es la Fe. Amar implica, por lo tanto, comunicar este don precioso a los demás. Porque para nosotros es nuestro bien mayor, tenemos que compartirlo, ofrecerlo, anunciarlo. Esto es lo que llamamos apostolado. Fundados en el mandamiento del amor, todos tenemos el deber y el derecho del apostolado.

Por el bautismo, que nos unió a Cristo para siempre, todos participamos de la misión evangelizadora de Cristo y de la Iglesia.

Que, por intercesión de San Vicente Pallotti, el Señor nos regale la alegría de una vida comprometida con la misión evangelizadora de toda la Iglesia, para que cuanto antes llegue ese momento tan deseado de la unidad, en el que habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

XX DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 15,21-28 

        Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada.

    Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».

    Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».

    Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»

    Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».

    Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»

    Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana. 

La escena concluye con la alabanza de Jesús a esta mujer pagana por la fe que posee y con el deseo cumplido: su hija quedó sana. De esta manera, el Señor abre las puertas a la universalidad de la salvación.

Este Evangelio, nos invita a meditar sobre la fe; don de Dios que todos hemos recibido y que le da una nueva perspectiva a nuestra vida.

Hay dos actitudes que sobresalen en esta mujer de fe:

  • La perseverancia en su pedido que demuestra su confianza en aquel que confiesa como: Señor, hijo de David. La perseverancia de la fe se funda en la confianza en el poder y en el amor de Dios.
  • La humildad que no consiste en desvalorizarnos sino en aceptar que sólo Dios es Dios. Vive la humildad de la fe el que funda su pedido no en el mérito personal sino en la bondad de Dios. 

Nos preguntamos: ¿Dejo que Dios sea Dios en mi vida? ¿Le entrego mi vida en una actitud confiante en su amor  y su poder? ¿Alimento la Fe?

¡Un bendecido domingo!

cananea ruega a jesus

COMENTARIO AL EVANGELIO

XX  Domingo   durante el año

CICLO A

20 de agosto de 2017

Cristo y la mujer cananea-Juan de Flandes y M. Sittow

Cristo y la mujer cananea. Juan de Flandes y M. Sittow

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo        15, 21-28 

    Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada.

    Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».

    Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».

    Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»

    Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».

    Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»

    Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana. 

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Nos ayuda, para entender mejor este Evangelio, ubicarlo en su contexto histórico cultural.

El pueblo de Israel tenía una conciencia clara de ser el pueblo elegido por Dios. Una larga historia de salvación se tejió entre Dios y ellos. Hubo momentos en donde el pueblo le fue fiel y, también, etapas de infidelidad. En muchas ocasiones experimentaron el amor del Señor manifestado en el perdón, la fortaleza y las alianzas. El plan salvífico, destinado a toda la humanidad, se manifestó partiendo del actuar de Dios en el pueblo elegido.

Esta conciencia, junto a la intencionalidad de mantener una pureza legalista y el haber sufrido, a lo largo de su historia, los ataques de otros pueblos más poderosos, hizo que los israelitas tuvieran serios conflictos con los habitantes de esos otros pueblos, llamados paganos. Con los cananeos, antiguos habitantes del territorio en donde vivían los judíos, habían existido fuertes enfrentamientos.

No estaba bien visto que un judío dialogara con un pagano, no podían sentarse a la mesa juntos y no podía, un judío, entrar en la casa de un pagano. Esta mujer cananea, con la que se encuentra Jesús, era considerada impura y excluida para la mentalidad religiosa judía. La escena se desarrolla cuando Jesús está en dirección a tierra pagana (Tiro, Sidón) o, quizá, cuando ya llegó a ella.

Las objeciones de Jesús ponen de manifiesto el pensamiento de muchos judíos que, incluso, siguió en varios de ellos, convertidos al cristianismo, ante la aparición de paganos que querían seguir a Jesús.

Ante el pedido de la mujer, Jesús no responde, hace silencio. Los discípulos le piden que la atienda. Los entendidos dicen que en la lengua griega, la expresión de los discípulos expresa el deseo de que la despida, como traducen algunas biblias. Quieren sacársela de encima, que los dejen tranquilos. Entonces, Jesús pronuncia una frase que, a nosotros nos puede escandalizar: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». No resultaba escandalosa en su época porque era un refrán muy usado en aquel tiempo. Incluso, Jesús, no usa la palabra perro, como  se utilizaba, sino cachorro. La mujer responde con otro refrán: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»

La escena concluye con la alabanza de Jesús a esta mujer por la fe que posee y con el deseo cumplido: su hija quedó sana. De esta manera, el Señor abre las puertas a la universalidad de la salvación.

Este Evangelio, nos invita, en continuidad con el del domingo pasado, a meditar sobre la fe; don de Dios que todos hemos recibido y que le da una nueva perspectiva a nuestra vida.

Hay dos actitudes en esta mujer de fe y una certeza:

  • Manifiesta una perseverancia en su pedido que demuestra su confianza en aquel que confiesa como: Señor, hijo de David, el Mesías, en nuestra lectura cristiana. Muchas mujeres en la Biblia son ejemplos de perseverancia. La perseverancia de la fe no se funda en una actitud simplemente voluntarista u obsesiva, no es una técnica de la voluntad para alcanzar algo sino en la confianza en el poder y en el amor de Dios. Tener fe y madurar en ella es vivir la relación fundante con un Dios que todo lo puede y que nos ama con un amor absoluto y eterno, la convicción de que todo lo que hace o permite es para nuestro bien. Por eso, no debemos dejar de pedirle todo lo que necesitamos, desde la libertad de aceptar que Él nos dé sólo aquello que es bueno para nosotros en cada momento de nuestra vida, aunque en ese momento no lo entendamos. Creer es abandonarse en sus manos aunque no siempre entendamos su camino.
  • Esta perseverancia se funda en una actitud de vida más profunda: la humildad. Ella no consiste en desvalorizarnos sino en aceptar que sólo Dios es Dios. Vive la humildad de la fe el que funda su pedido no en el mérito personal sino en la bondad de Dios. Esta mujer ni siquiera pretende ocupar el lugar de hija, no “saca chapa” de sus méritos; sabe que Dios actúa con libertad y gratuidad.
  • Esta mujer tiene una certeza, confirmada por el Señor: los bienes de Dios no se pierden cuando se los comparte, al contrario, aumentan. El pan alcanza para todos, para los hijos y para los cachorros. Por un lado, Dios quiere compartir el don de la fe y la salvación con todos; por otro lado, cuanto más se comparte, más crece, cuánto más damos, más recibimos.

Que la Fe madure en nuestras vidas porque ella es el fundamento de nuestra existencia. Esa fe que es encuentro y vínculo de amor con Jesucristo. Que esa Fe nos lleve a dejar que sea Él quien conduzca nuestra vida. Que esa Fe la podamos compartir y testimoniar con alegría. Cuando la transmitimos, ella crece en nosotros.

Nos preguntamos: ¿Dejo que Dios sea Dios en mi vida? ¿Le entrego mi vida en una actitud confiante en su amor  y su poder? ¿Alimento la Fe? ¿La transmito con entusiasmo?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                    Sal 66, 2-3. 5-6. 8 (R.: 4)
R. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor!

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.