I domingo de Cuaresma. CICLO B.

Mc 1, 12-15

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían. Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”.

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

El miércoles pasado, miércoles de ceniza, hemos iniciado el tiempo de cuaresma.

Como todos los años, en el primer domingo de cuaresma se proclama el pasaje del evangelio que narra las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto luego de ser bautizado por Juan en el río Jordán.

Una vez que Jesús emerge del río Jordán, los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió sobre él como una paloma y se oyó la voz del Padre proclamándolo como Hijo.

Inmediatamente el mismo Espíritu lo llevó al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días, mientras vivía entre las fieras y los ángeles lo servían. De este modo, el evangelista, establece un paralelismo con Adán, que en el paraíso vivía entre las fieras y los ángeles lo servían, mientras que Satanás buscaba interferir en su amistad con Dios, el relato del Génesis, entre otras enseñanzas, nos muestra cómo es la vida del ser humano cuando vive en amistad con Dios, y cómo esa condición se malogra por el pecado.

Los profetas anunciaron que volverían esos tiempos, utilizando el mismo lenguaje simbólico para anunciar un retorno al paraíso dónde el ser humano convivirá con las fieras que, habrán recobrado la mansedumbre del principio, san Marcos, ha recurrido a este lenguaje simbólico, describiendo el tiempo que pasó Jesús en el desierto, para mostrarle a su comunidad que, con la venida de Jesús, a partir de su bautismo en el Jordán los tiempos mesiánicos han llegado, de este modo la historia de la humanidad ha recomenzado, en Cristo, el nuevo Adán.

Con Jesús, por su obediencia al Padre, el cielo se ha vuelto a abrir, Dios vuelve a dialogar con la humanidad.

El evangelista Marcos, no nos dice cuáles han sido las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto, pero a lo largo del evangelio podemos ver cómo el Señor tuvo que superar situaciones de tentación, que buscaban apartarlo de su fidelidad al Padre.

Cristo inauguró el bautismo que recibimos, también nosotros debemos transitar el camino que recorrió Jesús luego del bautismo. Hoy el evangelio nos enseña que es un camino de lucha contra la tentación, que buscará apartarnos de la amistad con Dios.  En Jesús, que no cedió a la tentación, debemos buscar la fuerza para no caer esclavos del poder del espíritu del mal.

La Iglesia nos enseña y da las herramientas que nos ayudarán: la oración, las obras de caridad, la penitencia.

Un bendecido tiempo de cuaresma y buen domingo para todos.

Imagen de la Biblia de Navarra

 

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CUARESMA

Dentro de cuarenta días celebraremos la Pascua, el acontecimiento central de nuestra fe, por ser éste el más importante la Iglesia nos invita a prepararlo con tanta anticipación.

Los cuarenta días le dan a este tiempo el nombre “cuaresma”, en ellos hacemos memoria de los cuarenta días y cuarenta noches que Moisés estuvo orando y ayunando en la montaña del Sinaí dónde recibió las tablas de la Ley, también hacemos memoria de los cuarenta años que el pueblo de Israel peregrinó por el desierto antes de ingresar a la tierra prometida, el mismo Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días.

El fin de la Cuaresma es llegar preparados a la solemnidad de la Pascua, dónde se actualiza, es decir se vuelve a realizar, el misterio de nuestra salvación, pasión muerte y resurrección de Jesús. Todos los bautizados debemos morir y resucitar con Cristo, morir a todo aquello que no tiene nada que ver con el ser cristianos, para nacer a una vida nueva que transparente la presencia de Cristo en nosotros. Por ello durante este tiempo se nos invita a las prácticas de caridad, oración y ayuno, las tres heredadas de la tradición judía, nos llevan a salir de nosotros mismos para encontrarnos luego con nosotros mismos.

Las obras de caridad sólo son posibles si miramos a los demás, y encontramos en ellos al mismo Cristo que sufre; la oración es agudizar los oídos para escuchar a Dios que nos habla a través de la Palabra; el ayuno, es privarnos de algo para sentir lo que siente quien no tiene nada, y eso que no hemos tomado para nosotros compartirlo con el que menos tiene.

Las practicas cuaresmales vividas con sinceridad nos llevaran a cambiar el corazón, esto nos hará más humanos, más imagen y semejanza de Dios.

Cuaresma 3

 

 

COMENTARIO AL EVANGELIO

I domingo de cuaresma

CICLO B

18 de febrero de 2018

Imagen de la Biblia de Navarra

Imagen de la Biblia de Navarra

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos  1, 12-15

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían. Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

El miércoles pasado, miércoles de ceniza, hemos iniciado el tiempo de cuaresma.

Como todos los años, en el primer domingo de cuaresma se proclama el pasaje del evangelio que narra las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto luego de ser bautizado por Juan en el río Jordán.

Este relato, en el evangelio de san Marcos es más breve y tiene algunas diferencias respecto del relato de san Lucas y san Mateo.

No debemos olvidar el pasaje del bautismo del Señor, proclamado en el cierre del tiempo de Navidad, ya que en el evangelio de san Marcos forma una unidad con el pasaje que se proclama hoy.

Una vez que Jesús emerge del río Jordán, los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió sobre él como una paloma y se oyó la voz del Padre proclamándolo como Hijo.

Inmediatamente el mismo Espíritu lo llevó al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días, mientras vivía entre las fieras y los ángeles lo servían. De este modo, el evangelista, establece un paralelismo con Adán, que en el paraíso vivía entre las fieras y los ángeles lo servían, mientras que Satanás buscaba interferir en su amistad con Dios, el relato del Génesis, entre otras enseñanzas, nos muestra cómo es la vida del ser humano cuando vive en amistad con Dios, y cómo esa condición se malogra por el pecado.

Los profetas anunciaron que volverían esos tiempos, utilizando el mismo lenguaje simbólico para anunciar un retorno al paraíso dónde el ser humano convivirá con las fieras que, habrán recobrado la mansedumbre del principio. San Marcos, ha recurrido a este lenguaje simbólico, describiendo el tiempo que pasó Jesús en el desierto, para mostrarle a su comunidad que, con la venida de Jesús, a partir de su bautismo en el Jordán los tiempos mesiánicos han llegado, de este modo la historia de la humanidad ha recomenzado, en Cristo, el nuevo Adán. Si por el primero que sucumbió a las tentaciones, nos vino la ruina, ahora en Jesús que supo mantenerse firme ante las tentaciones, nos vino la salvación. Con Jesús, por su obediencia al Padre, el cielo se ha vuelto a abrir, Dios vuelve a dialogar con la humanidad.

El evangelista Marcos, no nos dice cuáles han sido las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto, pero a lo largo del evangelio podemos ver cómo el Señor tuvo que superar situaciones de tentación, que buscaban apartarlo de su fidelidad al Padre.

Cristo inauguró el bautismo que recibimos, también nosotros debemos transitar el camino que recorrió Jesús luego del bautismo. Hoy el evangelio nos enseña que es un camino de lucha contra la tentación, que buscará apartarnos de la amistad con Dios.  En Jesús, que no cedió a la tentación, debemos buscar la fuerza para no caer esclavos del poder del espíritu del mal.

La Iglesia nos enseña y da las herramientas que nos ayudarán: la oración, las obras de caridad, la penitencia.

 

Un bendecido tiempo de cuaresma y buen domingo para todos,

P. Rubén J Fuhr, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                                                Sal 24, 4 – 9

R. Tus senderos, Señor, son amor y fidelidad.
O bien: Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres. R.

VI domingo durante el año. CICLO B

Mc 1, 4-45

Se le acercó un leproso a Jesús para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares despoblados. Y acudían a él de todas partes. 

 Palabra del Señor.

 

En la antigüedad muchas de las enfermedades de la piel que hoy conocemos con sus distintas denominaciones y que sabemos que no son lo mismo una que otra, caían todas bajo la denominación de lepra, también consideraban que estas enfermedades eran muy contagiosas y que estaban misteriosamente ligadas a lo religioso. La ley de Moisés ordenaba, en el Libro del Levítico, que quien mostraba algún síntoma de lo que llamaban lepra debía ser considerado impuro, ser apartado de la comunidad y obligado a vivir en lugares desiertos imposibilitado a asistir a los actos de culto a Dios. Esto hacía que la misma persona se sintiera rechazada incluso por Dios. Mientras durara la enfermedad el leproso no podía tomar contacto con nadie, y si alguien tomaba contacto con él o con sus pertenencias quedaba en condición de impuro.

Por todo esto impacta el relato del Evangelio, el leproso toma la iniciativa y se acerca a Jesús, sin importarle a qué lo expone, y Jesús, sabiendo a qué se está exponiendo, no lo rechaza. Se conmueve ante la súplica de este hombre, que está ahí de rodillas, y para el colmo del asombro lo toca.

No es porque sí no más que el texto en pocos renglones insiste tanto con el verbo “purificar” y no utiliza el verbo sanar. De este modo quiere poner de manifiesto el cambio de status religioso de aquel que era considerado “impuro”.

Llama también la atención que Jesús, que había transgredido la ley al tocarlo, le ordena que cumpla con la Ley presentándose al sacerdote entregando la ofrenda establecida por Moisés. Pero, esto tiene una finalidad: “para que les sirva de testimonio”, las curaciones; las liberaciones; las purificaciones, están indicando algo: el tiempo mesiánico ha llegado.

El leproso, como los demás enfermos, son como una indicación de cómo se encontraba la humanidad antes de la llegada de Jesús, el hombre era incapaz de llegar a Dios, sus actos de culto nunca le alcanzarían la pureza necesaria. Solo un Dios hecho hombre podía llevar a los hombres a Dios, y esto es lo que manifiesta este pasaje. El leproso, que nos representa, reconoce su situación de impureza y sólo se atreve a decir: “si quieres, puedes purificarme”, y el texto dice de Jesús que se conmovió, mostrando de este modo las entrañas de misericordia de Dios y su amor por su creatura, entonces lo tocó.

El verbo de Dios al encarnarse asume nuestra naturaleza humana, no se horroriza de nuestras miserias, y se hace igual a nosotros en todo, menos en el pecado.

Las palabras y el gesto de Jesús nos muestran la voluntad del Padre que quiere que toda la humanidad sea pura, es decir capaz de entrar en relación con Dios.

Este texto debe animarnos en los momentos que tomamos conciencia de nuestros pecados para ponernos ante Jesús con la misma confianza del leproso y decirle: “si quieres…”, sabiendo de antemano que Él lo quiere, si con humildad y confianza nos volvemos a Él.

Un bendecido domingo para todos

06-Domingo-11-02-2018

COMENTARIO AL EVANGELIO

VI domingo durante el año

CICLO B

11 de febrero de 2018

Marcos 1, 40-45

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos      1, 40-45

Se le acercó un leproso a Jesús para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares despoblados. Y acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Nuevamente nos encontramos frente a una curación obrada por Jesús, que el Evangelista narra en términos de “purificación”.

En la antigüedad muchas de las enfermedades de la piel que hoy conocemos con sus distintas denominaciones y que sabemos que no son lo mismo una que otra, caían todas bajo la denominación de lepra como si se tratase de la misma afección. Debido al desconocimiento que se tenía, consideraban que estas enfermedades eran muy contagiosas y que estaban misteriosamente ligada a lo religioso. Por esta razón, la ley de Moisés ordenaba, en el Libro del Levítico, que quien padecía algún síntoma que hiciera sospechar que estaba afectado por esta enfermedad debía ser considerado impuro, apartado de la comunidad estaba obligado a vivir en lugares desiertos imposibilitado a asistir a los actos de culto a Dios. Esto hacía que la misma persona se sintiera rechazada incluso por Dios. Esto justifica la intervención del sacerdote que debía verificar la enfermedad y decretar la expulsión, así como constatar la curación y luego del rito de purificación reincorporarlo a la comunidad. Mientras durara la enfermedad el leproso no podía tomar contacto con nadie, y si alguien tomaba contacto con él o con sus pertenencias quedaba en condición de impuro.

Por todo esto impacta el relato del Evangelio, el leproso toma la iniciativa y se acerca a Jesús, sin importarle a qué lo expone, y Jesús sabiendo a qué se está exponiendo no lo rechaza. El Maestro se conmueve ante la súplica de este hombre, que está ahí de rodillas, y para el colmo del asombro lo toca.

No es porque sí no más que el texto en pocos renglones insiste tanto con el verbo “purificar” y no utiliza el verbo sanar. Parece que el acontecimiento quiere poner de manifiesto el cambio de status religioso de aquel que era considerado “impuro”.

Luego, llama la atención que Jesús, que había transgredido la ley al tocarlo, le ordena que cumpla con la Ley presentándose al sacerdote entregando la ofrenda establecida por Moisés. Pero, esto tiene una finalidad: “para que les sirva de testimonio”, las curaciones; las liberaciones; las purificaciones, están indicando algo.

El leproso, como los demás enfermos, son como una indicación de cómo se encontraba la humanidad antes de la llegada de Jesús, el hombre era incapaz de llegar a Dios, sus actos de culto nunca le alcanzarían la pureza necesaria. Solo un Dios hecho hombre podía llevar a los hombres a Dios, y esto es lo que manifiesta este pasaje. El leproso, que nos representa, reconoce su situación de impureza y sólo se atreve a decir: “si quieres, puedes purificarme”, y el texto dice de Jesús que se conmovió, mostrando de este modo las entrañas de misericordia de Dios y su amor por su creatura, entonces lo tocó.

El verbo de Dios al encarnarse asume en todo nuestra naturaleza humana, no se horroriza de nuestras miserias, y se hace igual a nosotros en todo, menos en el pecado.

Las palabras y el gesto de Jesús nos muestran la voluntad del Padre que quiere que toda la humanidad sea pura, es decir capaz de entrar en relación con Dios.

Este texto debe animarnos en los momentos que tomamos conciencia de nuestros pecados para ponernos ante Jesús con la misma confianza del leproso y decirle: “si quieres…”, sabiendo de antemano que Él lo quiere, si con humildad y confianza nos volvemos a Él.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                              Sal 31, 1-2. 5. 11 

R. ¡Me alegras con tu salvación, Señor!

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas,
y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

Pero yo reconocí mi pecado,
no te escondí mi culpa,
pensando: “Confesaré mis faltas al Señor”.
¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

Alégrense en el Señor,
regocíjense, los justos.
¡Canten jubilosos, los rectos de corazón! R.

El santuario de los Nuevos Mártires de San Bartolomé, en Roma,  acogió la entrega de objetos religiosos pertenecientes a nuestros cinco palotinos, testigos de la fe

San Bartolomé. Roma

Presidió la oración monseñor Óscar Vicente Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

El 4 de julio de 1976 en Buenos Aires (Argentina) fueron asesinados en la sala de comunidad de la casa parroquial de San Patricio, en el elegante barrio de Belgrano, cinco consagrados palotinos: el padre Alfredo Kelly –que era el párroco–, el padre Pedro Dufau, el padre Alfredo Leaden y los seminaristas Emilio Barletti y Salvador Barbeito. Fueron abatidos por metralletas en plena noche seguramente a manos de un grupo paramilitar. Les acusaban de ser «agitadores políticos». En la alfombra del suelo, que todavía se conserva en la parroquia, quedan rastros de la sangre que derramaron y los agujeros que hicieron las balas. Murieron como comunidad religiosa unida en el martirio. La Iglesia argentina los recuerda con la frase «juntos vivieron, juntos murieron; hoy son luz y vida».

El Papa Francisco, Jorge María Bergoglio, entonces provincial de los jesuitas, que había sido padre espiritual de algunos de ellos, escribió en la revista CIAS pocos días después de la muerte de los palotinos, en julio de 1976:

«… Todos nosotros debemos asumir su muerte, una muerte gratuita, como la palabra más elocuente que jamás nos hubieran querido y podido dirigir. En ella, llega a su culmen aquel proceso morboso que atravesamos con una irresponsabilidad anestesiada. La palabra de su muerte nos revela el sentido paroxístico de aquella enfermedad que corroe nuestra sociedad profundamente. Hemos perdido el sentido del hombre y del pueblo concreto con todas sus experiencias históricas y sus aspiraciones más claras».

Ayer a la tarde, a las 20.30 h, durante la oración de la Comunidad de Sant’Egidio, en la basílica de San Bartolomé, en Roma, Santuario de los Nuevos mártires de los siglos XX y XXI, se hizo entrega del cáliz y de la patena con las que tantas veces celebraron la Eucaristía. Estas reliquias fueron depositadas en el altar dedicado a los mártires de las Américas.
Presidió la oración monseñor Oscar Vicente Ojea, obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Estuvo también presentes monseñor Marcelo Colombo, obispo de La Rioja, el rector general de los padres y hermanos palotinos y miembros de la familia palotina.