JUNTOS VIVIERON, JUNTOS MURIERON. HOY SON LUZ Y VIDA

Se cumplen cuarenta y un años de la entrega martirial de nuestros cinco Siervos de Dios: Pedro Dufau, Alfredo Leaden, Alfi Kelly, Salvador Barbeito, Emilio Barletti. 

Compartimos con ustedes párrafos de la homilía pronunciada en la misa de aniversario, en el año 2013.

En los años 60 y 70 vivimos un profundo espíritu de renovación en la Iglesia, un ambiente de primavera eclesial. El Concilio Vaticano II, los Documentos finales de Medellín (II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano), Juan XXIII, Pablo VI… Una Iglesia, pueblo de Dios, donde todos somos el cuerpo de Cristo, llamados a crecer en la santidad. Una Iglesia que renovó su forma de celebrar, que revalorizó la Palabra como fuente de vida, una Iglesia que profundizó el diálogo con la cultura, la política, el arte, la ciencia, el diálogo interreligioso, el ecumenismo. Un Concilio que nos habló de un Reino de Dios que se iba tejiendo en la historia de los hombres y sólo en la historia de los hombres; en donde el Evangelio aportaba una esperanza motora: la utopía de una sociedad basada en la justicia y en la inclusión de todos; el ideal del Reino que Cristo hizo presente en la historia de los hombres y que un día llevará a su plenitud. Una Iglesia despojada de todo aquello que históricamente en sus estructuras y vínculos entorpecía la frescura del Evangelio, la aventura apasionante de la Fe, el compromiso de un amor que se hace signo visible en el respeto a la vida de todos y en la protección de los más débiles. Una Iglesia que comenzó a beber en su Padres y en sus Santos, en una historia martirial y profética.

Nos dijo el Concilio en la Gaudium et Spes, uno de los documentos conciliares más iluminadores: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. …La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia… el Concilio inculca el respeto al hombre, de forma que cada uno, sin excepción de nadie, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente…. Cuanto atenta contra la vida cuanto viola la integridad de la persona humana…cuanto ofende a la dignidad humana…es totalmente contrario al honor debido al Creador (Cfr, 1 y 27).

En este contexto y sólo en este contexto pos conciliar es que podemos entender la entrega martirial de nuestros cinco hermanos, Siervos de Dios. Descontextualizar, es vaciar de contenido. Ellos no murieron accidentalmente. Murieron porque en un momento en donde la vida no era respetada, en donde unos pocos se sentían dueños de la vida y de la verdad, dijeron con la palabra y los gestos: sólo Dios es el dueño de la vida. Animados e iluminados por el Magisterio Conciliar, por Medellín, por el Documento de San Miguel de la Conferencia Episcopal Argentina, animados por los vientos de primavera que se vivían en la Iglesia, comprometieron su vida de fe con la defensa de la vida humana, tornándose una voz profética.

Unos días antes de la masacre, tuvimos nuestra periódica reunión comunitaria. Era un día frío y lluvioso. Fue en el salón de la casa parroquial que da a la calle; biblioteca, en aquel entonces, de la comunidad. Comentamos lo que se comenzaba a percibir en el país: personas que desaparecían, detenciones clandestinas, torturas. Surgió una pregunta: ¿ante tal situación, tenemos que seguir en esta línea pastoral que señala y acentúa el valor de la vida y de la justicia como camino de respeto a la misma? Y la respuesta fue: Sí, porque debemos ser fieles a Dios antes que a los hombres, a los poderosos de este mundo. Sabían que esa respuesta podía traer consecuencias duras pero optaron por ser fieles a Cristo en la certeza de que quien da la vida, gana la vida en Él. Esto hace de esas muertes, muertes martiriales.  Y en el contexto de una Iglesia que iba descubriendo aquello que luego nuestros Obispos argentinos nos recuerdan, en Líneas pastorales para la Nueva Evangelización, cuando señalan que no hay anuncio de la Fe, no hay evangelización, donde no hay compromiso con la vida, con la dignidad humana. Nuestros cinco Siervos de Dios fueron testigos de la fe porque se comprometieron en la defensa de la vida.

Descontextualizar, encierra otro peligro: querer entender las respuestas a la luz del hoy y no a la luz del ayer. El Concilio y Medellín, nos sorprendió. Surgieron diferentes respuestas, fue un tiempo de búsqueda, de diálogo animoso, de discernimiento muchas veces marcado por el enfrentamiento, fue un tiempo de aprendizaje.

Lo cierto es que algo en común marcó la vida de los cinco, con personalidades y maneras de pensar diferentes: querer ser fiel a Jesucristo, defendiendo y promoviendo el valor de la vida.

¡Cuánto hemos aprendido de ellos, tanto aquellos que los conocimos personalmente como quienes los conocieron por el testimonio nuestro! ¡Cuántas veces nos ayudaron a iluminar realidades difíciles de superar! ¡Cuántas veces fueron para nosotros luz y ánimo en el camino de la vida! ¡Cuántas veces hicieron presente en nuestras vidas la Palabra de Dios! ¡Cuántas veces nos alimentaron con la Eucaristía y nos dieron la paz del perdón! De nada valdría una memoria, incluso agradecida, si no bebiéramos de la riqueza de sus vidas y de su entrega final.

Martires Palotinos

¿Qué nos dice hoy la vida y la entrega de ellos?

Esa paz casi sobrenatural que transmitía Alfredo Leaden, nos vuelve a decir que la única violencia válida es aquella que subvierte nuestro corazón de piedra y lo transforma en un corazón de carne, la violencia del Espíritu que nos vuelve al proyecto original del Padre y, por eso, nos trae la alegría y la paz de la conversión.

La búsqueda apasionada de la voluntad de Dios de Dios que caracterizaba fuertemente a Alfi Kelly, nos vuelve a decir que no hay misionalidad sin discipularidad, no hay compromiso con la vida sin la contemplación orante del Señor de la vida. En esos días previos, Alfi, pasó largas horas en el oratorio. Parecía que su fuerte temperamento se había transformado, gozaba y transmitía una serenidad significativa junto a la preocupación por la campaña difamatoria que se armaba en las tinieblas contra él. Pudo, en esa circunstancia difícil, subir a la montaña del Señor para escuchar la voz providente de Dios.

La evangélica humildad de Pedro nos habla hoy de una Iglesia que se ha de despojar de toda vanidad o autorrenferencialidad, como suele decir nuestro Papa Francisco, para poder ser servidora a ejemplo de Cristo servidor. El Papa, en la misa de inicio de su ministerio, al presentarnos a San José como custodio de la vida, nos decía: ¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende…

El amor a los jóvenes y la opción por una vida comunitaria fundada en Jesucristo que Salvador nos transmitió, nos hablan hoy de la necesidad de una conversión que nos permita superar los esquemas individualistas y negadores del mal. Fui testigo cercano de su deseo de santidad. Su anhelo por el ministerio sacerdotal es una voz que hoy le dice a muchos jóvenes: el sacerdocio y la consagración son caminos de plenitud humana cuando responden al llamado del Señor.

La sonrisa de Emilio hoy habla al corazón de los jóvenes y le dice que sólo poniendo la mirada en ideales que nos trascienden podemos vivir en plenitud la vida que nos Dios nos regaló. Que hay que darlo todo para ganar todo.

Decía el entonces Cardenal Bergoglio en la misa de la celebración de los veinticinco años del martirio: Quiero dar gracias a Dios porque todavía hoy, en medio de una ciudad turbulenta, llena de vida, de ansiedad, llena de fuerza, llena de esperanza, llena de problemas, llena de trabajo, quiso darnos una señal. Hay gente que todavía quiere vivir no para sí. Y el Señor permite que haya gente que en esa coherencia muera no para sí, sino para dar vida a otro.

Y decía en esa misma misa: 

Esta Parroquia ungida por la decisión de quienes juntos vivieron, ungida por la sangre de quienes juntos murieron, nos dice algo a esta ciudad, algo que cada uno tiene que recoger en su corazón y hacerse cargo. Despejar etiquetas y mirar el testimonio. Hay gente que sigue siendo testigo del Evangelio, hay gente que fue grano de trigo, dio su vida y germinó. Yo soy testigo, porque lo acompañé en la dirección espiritual y en la confesión hasta su muerte de lo que era la vida de Alfie Kelly: Sólo pensaba en Dios. Y lo nombro a él porque soy testigo de su corazón, y en él a todos los demás.  Simplemente ruego para tener la gracia de la memoria, que nos haga agachar la cabeza y pedir perdón, usando las palabras de Jesús “porque no saben lo que hacen”, por quienes desgarraron esta ciudad con este hecho.

Queridos hermanos,  al contemplar la alfombra en donde entregaron sus vidas, testigo silenciosa de su entrega final, ungida por la sangre de los cinco, ellos nos dicen que tenemos que ser apasionados buscadores de la verdad. Sólo ella nos hace libres. Promotores constantes de la justicia. Sin ella una sociedad sucumbe. Por eso, desde el Evangelio denunciamos todo intento de impunidad, de un silencio cómplice de la muerte, de aquí no pasó nada, de esto no hablemos más… A la vez, le pedimos al Señor que nuestra búsqueda de la verdad y nuestro anhelo de justicia esté siempre movido por el amor que busca el bien de todos y, por eso, la conversión de todos.

San Vicente Pallotti nos dice que nadie ama al otro si no busca la salvación del otro. La justicia brota de un corazón sanado y redimido cuando busca el bien hasta de aquellos que nos hicieron mal. Sin esta dimensión de perdón, que no es negación de la verdad y de la justicia, no seremos fieles a ellos.

Las llagas que provocaron las balas en sus cuerpos, hoy son llagas gloriosas. Intentemos imaginar sus rostros gloriosos, llenos de la alegría del encuentro con el Señor.

Le pedimos al Señor que pronto la Iglesia los reconozca oficialmente como nuestros intercesores y modelos.

Ellos nos hablan hoy tanto por sus vidas como por su entrega final. Esta muerte es para la vida porque alimenta nuestra vida de fe. Ellos hoy son fuente de vida porque nos hacen presente que vale la pena entregar la vida, que sólo dándola se la recibe en plenitud. Que nadie se cuida si no cuida la vida del otro. Fuimos llamados a la vida para amar como Jesús nos ama.

Decía el Papa Francisco en la misa de inicio de su ministerio: para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.

Hoy, con los cinco, volvemos a proclamar la Palabra del Señor que en el libro del Génesis nos dice: no pongas tus manos sobre el niño, no pongas tus manos sobre tu hermano, sobre ninguno de tus hermanos.

 P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s