XIII DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 10, 37-42

Dijo Jesús a sus apóstoles:

    El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

    El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

    El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

    El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió.

    El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

    Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

Todo lo que somos y tenemos es un regalo de Dios. Todo lo hemos recibido de Dios, por Cristo: los seres queridos, nuestra familia y amigos y nuestra propia vida.

Hay una mirada concupiscente de la vida y una mirada sacramental de ella. Cuando absolutizo cada persona, acontecimiento, vínculo, etapa de la vida o actividad, como si ahí estuviera el sentido pleno de mi existencia, estoy absolutizando lo que no es absoluto; entonces, se produce en mí un profundo vacío. Le pido a las personas o a las cosas que sean Dios. Como no lo son, experimento la desazón y me vuelvo injusto demandante de los demás. Una mirada sacramental es disfrutar cada vínculo y etapa del camino como una presencia del amor de Dios que se hace visible en las personas  y en las experiencias cotidianas de la vida. El sacramento es siempre un signo detrás del cual Jesús actúa en nosotros. Los seres queridos son esos regalos amorosos de Dios que nos conducen a Él y que nos permiten gozar anticipadamente del encuentro definitivo con Él. Y porque Dios nos dio la vida, toda ella es para Él. Cuando se la entregamos totalmente, la ganamos. Fuimos creados a imagen de un Dios que es amor. Por eso, cuando damos la vida por amor, estamos encontrando la vida, su sentido más profundo y su dimensión de eternidad.

Nos preguntamos: ¿Es el amor a Dios lo que da sentido y orienta mi vida? ¿Lo amo en todo y en todos? ¿Tengo una mirada sacramental de la vida y de las personas?

¡Un bendecido domingo!

Cargando cruz

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