SAN VICENTE PALLOTTI Y LA UNIÓN DEL APOSTOLADO CATÓLICO

San Vicente Pallotti funda, en 1835, la Unión del Apostolado Católico. En ella reúne laicos y clérigos con el fin de despertar en todo  el pueblo de Dios la vocación apostólica. Partiendo del mandamiento del amor, afirma que nadie ama realmente sino busca para el otro el mismo bien que para sí. El bien mayor es el de la fe. Amar implica transmitir ese don de la fe. La misión evangelizadora, el anuncio del amor de Dios es tarea de todo aquel que quiera vivir este mandamiento. El bautismo nos unió a Cristo y, por eso, a su  misión evangelizadora.

Hace veinticinco años, nuestros hermanos palotinos de Santa María, Brasil, fundaron el ISEP (Instituto Sudamericano de Estudios Palotinos). Varios argentinos han participado de sus cursos.

En esta oportunidad le pedimos al Profesor Pablo Fernández Conde, docente del Instituto San Vicente Pallotti de Turdera, que nos comparta algo de lo vivido y aprendido en el curso que se desarrolló en este mes de Julio. En el mismo participaron doce laicos de Argentina.

vincenzo-pallotti

Experiencia del ISEP 2017

Una vez más nos encontramos algunos, que nos sentimos convocados por San Vicente Pallotti, para vivenciar juntos unos días de estudio, reflexión, espiritualidad y vivencia del carisma palotino.

Este año se celebraban 25 años del comienzo del Instituto Sudamericano de Estudios Palotinos por el que han pasado para vivir este modo de ser Iglesia 1041 participantes. El tema de esta tercera etapa era “Pallotti y la misión” y “espiritualidad palotina”.

Empezamos los días de estudio reflexionando sobre la “espiritualidad” con el acompañamiento del Padre Salvador Leandro Barbosa, luego la vicepresidente del consejo nacional de la UAC, en Brasil, la señora Deyze Barros, nos habló sobre la misión de la UAC y por último el padre Ángelo Lóndero nos compartió su “Mosaico palotino”, un texto sobre la misión y el apostolado en Pallotti. La hermana Inés Burín, nos acompañó en un día de silencio y la hermana Marinés Pivatto con unos días de integración Acá van algunas líneas espirituales de nuestra reflexión:

La espiritualidad es una dimensión del ser humano, una apertura a lo sagrado que no es patrimonio cristiano. El Espíritu, para nosotros, designa el centro de la existencia cristiana. Y la vida espiritual es una experiencia vivida. Necesitamos una correcta comprensión y articulación de la vida espiritual. Tenemos en nosotros el deseo de Dios. Por nuestra constitución intuimos (nosotros que nos reconocemos limitados) que hay algo mejor  lo que debemos ir, y no porque seamos algo malo, sino porque podemos siempre ser mejor. Hay un deseo de buscar lo bello, lo bueno y Dios lo es.

El ser humano es un ser de relaciones (consigo, con otro, con Dios). La persona debe salir de sí para poder ser feliz, si se queda encerrada en sí misma no puede. La vida Cristiana, entones, no es aislada. El ser humano debe trascenderse. La comunión será la llave para comprender la espiritualidad, ya que el sentido mismo de la existencia se revela en el encuentro con otra persona.

El ser humano no consigue vivir sin amor, permanece para sí, incomprensible. El amor abre para la donación de sí, tenemos muchos ejemplos claros en la Biblia, por ejemplo la del profeta Oseas, o Tobías. Quienes se pueden abandonar a sí mismos en el encuentro con el otro. El papa Benedicto XVI nos lo recuerda en “Deus cáritas est”

El seguimiento de Jesús es el centro de nuestra espiritualidad. Hablar de espiritualidad, en la perspectiva cristiana, no será otra cosa que hablar de la experiencia del Espíritu de Jesús de Nazaret, Apóstol del eterno Padre.

Pallotti, entiende que si Jesús es enviado, entonces él, poca cosa, también lo es. Como se siente llamado entonces convocará a todos para la misma misión. Lo siente a Cristo como nuestro hermano común, mayor, enviado para salvar al mundo. Nosotros, que queremos seguirlo, debemos continuar esa misión.

Es entonces que, la obra que crea, la UAC, no trata de realizar un nuevo movimiento, sino reunir, convocar. Para Pallotti lo importante es la cooperación. Y esto es posible porque tenemos los mismos sentimientos de Jesús, la vida de Jesús sea mía dirá en sus escritos[1]. Se propone imitar con humildad y confianza todas las obras públicas y privadas de Jesús. Por eso la espiritualidad palotina es dinámica y universal (acoge todo lo que hay para cooperar).

En la vida de Pallotti no se puede separar el apostolado de la vida espiritual. O el apostolado de su vida mística. Él siente un amor de Dios hacia el mismo que es incomprensible, por eso ve dos caminos, seguimiento radical y participación en su obra de apostolado. Y nos deja en el cuadro de “María, Reina de los Apóstoles, no una imagen de devoción, sino un programa de apostolado. El cenáculo no se trata, entones, de la construcción de un santuario, sino de una experiencia teológica. Porque es el lugar donde se hace el paso del miedo al coraje, de la tristeza a la alegría, del intimismo a la creatividad apostólica. Del aislamiento al discurso apasionado del evangelio que hace Pedro. El cenáculo es un programa espiritual y apostólico. Del cenáculo se sale al apostolado y del apostolado se debe volver al cenáculo. Por eso para el palotino lo fundamental es convertirse en discípulo y enviado.

Ala luz del Documento de Aparecida, reflexionamos que para ser cristianos debemos tener un encuentro con Jesús, convertirnos en discípulos. Nosotros creemos en el amor de Dios, de este modo podemos imprimir en nosotros la opción fundamental de nuestra. Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con una persona, con un acontecimiento que le da a mi vida un horizonte nuevo y de esta forma un rumbo decisivo.  Este encuentro con Jesús lo podemos tener en nueve lugares privilegiados, que no son los únicos:

La comunidad eclesial

La sagrada escritura

La sagrada litúrgia

El sacramento de la reconciliación

La oración personal y comunitaria

Los pobres afligidos y enfermos

La piedad popular

La piedad mariana

La devoción a los santos

Luego de reflexionar sobre estos lugares teologales, y de contemplar sobre la alegría del discípulo tomamos conciencia de ser enviados a nuestras comunidades a continuar el apostolado al que somos llamados para que cuanto antes haya un solo rebaño bajo un solo pastor.

 

[1] OOCC. X p .161-162

COMENTARIO AL EVANGELIO

XVII  Domingo   durante el año

CICLO A

30 de julio de 2017

El tesoro escondido

El tesoro escondido. Rembrandt (1630)

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo         13, 44-52

 

    Jesús dijo a la multitud:

    «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

    El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

    El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

    Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

    «¿Comprendieron todo esto?»

    «Sí», le respondieron.

    Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Continuamos meditando las siete parábolas sobre el Reino de Dios, reunidas en este capítulo trece del Evangelio según san Mateo. En este domingo, decimoséptimo durante el año, se proclaman las tres últimas.

En la primera de estas tres se nos habla de un tesoro escondido; en la segunda, de una perla de gran valor. Sólo podemos encontrar, participar y disfrutar el Reino de Dios cuando nos damos cuenta del valor fundamental que él tiene para nuestras vidas. Es tan valioso que vale la pena vender todo, dejar todo, para poder poseerlo. Ninguno de nosotros va a entregar su vida por algo que no le reporta la felicidad que todos buscamos; ninguno quiere el mal para sí, todos buscamos el bien. El problema, me parece, se plantea cuando equivocamos lo que es bueno y lo que es malo. O, también, cuando optamos por “pequeños” bienes que nos alejan de los grandes bienes. Es ahí cuando nos afanamos por poseer determinadas cosas, dejando de lado aquello que le da sentido al vivir y que hace de nuestra vida un camino de eterna felicidad. Entrar en el Reino, dejarlo entrar en nuestro corazón, pertenecer a él y entregarle la vida, es el bien mayor que podamos encontrar en la vida.

En ambas parábolas tuvieron que vender  bienes, dejar cosas, para poder poseer el bien mayor. Sólo en la medida en que superemos nuestras pequeñas y cotidianas idolatrías, sólo en la medida en que no nos afanemos tanto por aquello que nos da un bien pasajero, sólo en la medida en que seamos libres de lo que poseemos, podremos disfrutar del Reino de Dios.

En la primera parábola, el Reino es comparado a un tesoro; en la segunda, a un negociante. El Reino es un bien que Dios nos regala; también somos nosotros cuando sabemos optar por ese bien. A veces lo encontramos providencialmente, como en el primer caso; otras veces, es fruto de una búsqueda, a veces larga y hasta penosa, como en la segunda parábola. Lo cierto que el Reino se hace presente cuando dejamos que Dios reine en nuestra vida, que su Palabra sea la fuente inspiradora de todo lo que hacemos. El Reino se hace presente cuando, al descubrir la paternidad amorosa de Dios, nos miramos unos a otros como hermanos. El Reino, cobra vida en cada gesto de perdón y en cada compromiso con la verdad y la justicia, en cada acción solidaria y en cada encuentro interpersonal. El Reino es don de Dios porque el amor es posible cuando Él vive en nosotros. El Reino es también conversión, búsqueda, dones puestos al servicio de los demás. Ese Reino que pedimos cada día en el Padre Nuestro, cobra vida cuando la clave de nuestra vida está en hacer de nuestro día una entrega total a Dios y a los hermanos.

En ambas parábolas aparece el tema de la alegría. La participación viva en el Reino nos permite realizarnos plenamente como personas. Podemos decir que fuimos creados para vivir la misma vida de Dios porque somos su imagen y semejanza. Dejar que esta vida se haga vida en nosotros es un camino de profunda realización personal.

En la tercera parábola se nos  habla de lo viejo y lo nuevo. Recordemos que el autor de este Evangelio  escribe a cristianos procedentes del pueblo de Israel. El escriba-cristiano es el ideal del Evangelio según san Mateo. Jesús no viene a anular la ley ni la primera alianza, viene a darle plenitud. No necesitamos dejar los valores heredados o de nuestra cultura para entrar en el Reino. Cristo Jesús lleva a plenitud los valores culturales, nos ayuda a discernir los aspectos de  nuestra cultura que no humanizan y amplía los límites culturales. El encuentro con el Evangelio implica siempre un proceso de recreación cultural, en donde la cultura y la historia de vida no son destruidas sino recreadas. Se nos  habla de toda clase de peces. El Reino es universal: Dios no hace acepción de personas.

El Reino implica capacidad de discernimiento; saber discernir entre donde está el bien y dónde está mal. La Gracia de Dios presente en nuestras vidas nos permite  arrojar lejos de nosotros todo pez malo y quedarnos con aquello, nuevo o viejo, que responde a la voluntad de Dios para nosotros. En la certeza absoluta que un día disfrutaremos de la plenitud de ese Reino que ya comenzó. Un día el mal será definitivamente quemado y el bien absoluto tendrá la última palabra de la historia.

 

Nos preguntamos: ¿Son Jesús, su Reino y su Palabra, los valores absolutos de nuestra vida? ¿Qué tengo que “vender”, dejar en mi vida, para participar con más plenitud de la alegría del Reino?

 

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL          Sal 118, 57. 72. 76-77. 127-130 (R.: 97a)

R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

El Señor es mi herencia:
yo he decidido cumplir tus palabras.
Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata. R.

Que tu misericordia me consuele,
de acuerdo con la promesa que me hiciste.
Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré,
porque tu ley es toda mi alegría. R.
 
Yo amo tus mandamientos
y los prefiero al oro más fino.
Por eso me guío por tus preceptos
y aborrezco todo camino engañoso. R.

Tus prescripciones son admirables:
por eso las observo.
La explicación de tu palabra ilumina
y da inteligencia al ignorante. R.

 

XVI DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 13,24-30

        «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”

    Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”.

    Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

    “No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”». 

Es importante tener en claro que ninguna persona se identifica plenamente con el bien o plenamente con el mal. Tanto uno como el otro están presentes en todo corazón humano; aunque haya personas especialmente tomadas por el mal. Si quisiéramos eliminar al “malo” de una comunidad o de la sociedad, no quedaría ninguno, ya que en todos está el mal, también en nosotros. No nos toca a nosotros pronunciar sentencia sobre las personas y su tiempo de conversión. Nos toca, distinguir entre el bien y el mal, alimentar el bien, ayudarnos unos a otros a crecer en él.

Es interesante observar que el brote de la cizaña es muy parecido al brote del trigo; al comienzo cuesta distinguirlos. Recién cuando la cizaña crece se la puede identificar. Estamos llamados a ser hombres y mujeres de discernimiento;  en donde, a la luz de la Palabra, podamos distinguir en cada momento de nuestras vidas por dónde pasa el bien y por dónde pasa el mal, qué es lo que el Señor quiere de nosotros. Hacer la voluntad de Dios es encontrar el verdadero bien.

En el juicio final, el mal será definitivamente vencido y podremos disfrutar eternamente del bien. Este es el fundamento de nuestra esperanza.

Nos preguntamos: ¿Soy  hombre o mujer de discernimiento? ¿Comprometo mi vida al servicio del bien? ¿Ayudo a crecer a los otros en el bien? ¿Hago presente el Reino de Dios en la sociedad?

¡Un bendecido domingo!

The Tares-Eugene Burnand

LA AMISTAD, DON DE DIOS

amigos

Ya no los llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace su señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre.[1]

Celebramos hoy, en Argentina, el día del amigo. Es justo y necesario darle gracias a Dios por el don de la amistad y, sobre todo, porque Él se ha hecho nuestro amigo. No un amigo más, es el Amigo por excelencia. Sólo Dios nos ama en Jesús con un amor absoluto y eterno.

Muchas veces abusamos de la palabra amistad. Analógicamente podemos llamar amigos a mucha gente, pero en realidad los amigos son muy pocos. Estamos llamados a ser todos hermanos, la amistad es un acontecimiento espontáneo y voluntario que necesita cultivo, cuidado. Sean muchos los que te saludan, pero amigo íntimo, uno entre mil.[2]

La amistad consiste en amar a alguien que nos ama. La amistad es siempre un vínculo interpersonal. Es el encuentro de dos personas que se experimentan identificadas. Se funda en la semejanza de espíritu. No se trata de que ambos piensen o sientan igual ante todo; la amistad no es uniformidad, necesita la alteridad, al otro como distinto. Pero es como si se vibrara en un mismo tono. Hay una identificación de ideales, de proyectos, de concebir la vida, un encuentro en el afecto y en la mirada de la vida.

Se opone a la amistad, el utilitarismo: amar alguien por la utilidad que nos proporciona. La amistad descubre en la persona del otro un bien, gusta de estar en su compañía; no lo ama por la utilidad que nos proporciona sino porque  su misma persona es un bien para nosotros.

Es condición necesaria para la amistad,  la gratuidad. El amigo no exige, no es demandante, sabe convivir con los límites del otro y aprende a perdonar; ayuda a crecer, da sin especular respuesta. La amistad es lugar de maduración del amor. La amistad se funda en la libertad. Somos libres cuando la ausencia del amigo nos entristece pero no nos paraliza; cuando su presencia en nuestras vidas no nos aleja de los otros, cuando nos anima en nuestro camino vocacional, cuando nos ayuda a realizar el sueño que Dios tuvo de nosotros cuando nos llamó a la vida. La amistad crece cuando  superamos las actitudes posesivas; no somos dueños del otro, somos servidores de la vida. La amistad no es adulación, se compromete con el crecimiento del otro, encontrando la alegría en que el otro encuentre el verdadero bien. Es amigo el que busca siempre el bien del ser amado; por eso está siempre dispuesto a comprender y a perdonar las ausencias y las faltas. El amigo ama en toda ocasión.[3] No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.[4]

La amistad, dice el Siervo de Dios, Cardenal Eduardo Pironio[5], es un reencuentro consigo mismo en la persona del amigo. El amigo es como un “alter ego”, otro yo. Puedo hablar con él como si hablara conmigo mismo. Me experimento comprendido, aceptado. Esto no quita el grado de soledad que todos experimentamos. Las experiencias personales son incomunicables en su totalidad. El amigo es compañía, es contención, ayuda a decidir. El compartir siempre enriquece.

«Ningún hombre, aunque tuviera todos los bienes exteriores, elegirá vivir sin amigos» (Santo Tomás). La amistad nos humaniza, nos conduce a Cristo, el amigo por excelencia. La amistad es un tesoro «el hombre dichoso necesita de amigos» (Aristóteles). La  amistad es un don de Dios que tenemos que pedir, buscar y agradecer.

Jesús amó con un amor universal, sin excluir a nadie. También cultivó vínculos de amistad con personas concretas: el discípulo amado, Lázaro (Señor, tu amigo está enfermo)[6], Marta y María (Jesús era amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro)[7].

Qué podamos cultivar siempre espacios de diálogo y comunión; sin comunión de vida no hay amistad. El principal acto de la amistad es la convivencia con el amigo.[8]

Decíamos que la amistad es un concepto analógico. Qué podamos construir la amistad social en nuestros pueblos y ciudades para que la casa común que todos habitamos sea un lugar de paz, respeto, solidaridad y justicia.

Un bendecido día del amigo,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

 

[1] Jn 15,15
[2] Eclo 6,6
[3] Prov 17,17
[4] Jn 15,13
[5] Pironio, Cardenal Eduardo Francisco. Escritos Pastorales. BAC, Madrid, 1975. Cap. XI.
[6] Jn 11,3
[7] Jn 11,5
[8] Aristóteles. VIII Ética, 5

COMENTARIO AL EVANGELIO

XVI  Domingo   durante el año

CICLO A

23 de julio de 2017

La cosecha-Vela Zanetti

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo         13, 24-43

     Jesús propuso a la gente otra parábola: 

    «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”

    Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”.

    Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

    “No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”».

    También les propuso otra parábola:

    «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas».

    Después les dijo esta otra parábola:

    «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.»

    Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:

        «Hablaré en parábolas

        anunciaré cosas que estaban ocultas

        desde la creación del mundo».

    Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

    Él les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

    Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

    ¡El que tenga oídos, que oiga!» 

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos: 

Recordemos que en el capítulo trece, Mateo reúne siete parábolas referidas al Reino de los Cielos. También recordemos que cuando se dice Reino de los Cielos, se habla del Reino de Dios. “Los cielos”, es un modismo para designar a Dios y no debe entenderse en oposición a la tierra.  Cada una de estas parábolas toma un aspecto del mismo. Hoy meditaremos tres de ellas.  Como en el caso de la parábola de la semilla, proclamada el domingo anterior, Jesús expone abiertamente, estas tres parábolas, al pueblo.

Las imágenes usadas por Jesús: trigo, cizaña, semilla de mostaza, árbol, levadura, son perfectamente comprensibles para quienes lo escuchan porque formaban parte de sus vidas cotidianas.

Estas tres parábolas nos llevan a preguntarnos cómo se relaciona el bien con el mal, en el Reino de los Cielos.

  • EL BIEN Y EL MAL EXISTEN EN TODOS NOSOTROS

Nos cuesta aceptar que exista el mal en el mundo y en nuestras vidas. Todos nos preguntamos sobre la existencia del mal. Es importante tener en claro que ninguna persona se identifica plenamente con el bien o plenamente con el mal. Tanto uno como el otro están presentes en todo corazón humano; aunque haya personas especialmente tomadas por el mal. Si quisiéramos eliminar al “malo” de una comunidad o de la sociedad, no quedaría ninguno, ya que en todos está el mal, también en nosotros. No nos toca a nosotros pronunciar sentencia sobre las personas y su tiempo de conversión. Nos toca, distinguir entre el bien y el mal, alimentar el bien, ayudarnos unos a otros a crecer en él y entusiasmarnos con la alegría de pertenecer al Reino de Dios. Somos responsables de ayudar a nuestros hermanos a crecer en el bien y de crecer nosotros también en él. Corregir, no es sinónimo de condenar. La corrección tiene que estar siempre motivada por la búsqueda del bien del otro y el reconocimiento de nuestro ser pecador. Somos invitados a la paciencia porque en todo corazón humano existe el bien y todos podemos cambiar en algún momento. No nos corresponde a nosotros poner los tiempos; estos son de Dios. Entre la siembra y la cosecha hay un largo  tiempo, en el cual conviven el bien con el mal; en ese tiempo debemos animarnos en el bien unos a otros.

  • EL REINO NOS LLAMA A SER HOMBRES Y MUJERES DE DISCERNIMIENTO.

Es interesante observar que el brote de la cizaña es muy parecido al brote del trigo; al comienzo cuesta distinguirlos. Recién cuando la cizaña crece se la puede identificar. A veces, no es fácil distinguir entre lo bueno y lo malo. Decisiones y opciones, aparentemente buenas pueden tener una intención oculta o pueden causar daño, aún sin quererlo; pueden, también, no responder a la voluntad de Dios. Estamos llamados a ser hombres y mujeres de discernimiento;  en donde, a la luz de la Palabra, podamos distinguir en cada momento de nuestras vidas por dónde pasa el bien y por dónde pasa el mal, qué es lo que el Señor quiere de nosotros. Muchas veces hay cosas moralmente buenas pero que el Señor no quiere que la realicemos en ese momento de nuestra vida; o puede darse la posibilidad de optar por dos cosas moralmente buenas pero imposibles de ser realizadas a la vez. El discernimiento nos permite ver qué es lo que Dios quiere para cada uno de nosotros en un momento concreto de nuestra existencia. El verdadero bien consiste en hacer la voluntad del Padre. El discernimiento nos permite no arrancar el bien al querer eliminar el mal. Esto necesita de tiempo y oración, diálogo con la Palabra, dejarnos ayudar en el discernimiento, escucha desde la Fe, vida sacramental.

  • EL REINO SE DESARROLLO DESDE LO PEQUEÑO Y OCULTO DE CADA DÍA

Tanto en la imagen de la semilla de mostaza como en la levadura, aparece el Reino como algo pequeño y oculto al comienzo. Hay una valoración de lo pequeño. De lo pequeño surge la vida. Una vida que tiene que acoger a todos de tal manera que los pájaros del cielo vayan a cobijarse en sus ramas; en el Reino de Dios, todos tienen que encontrar cobijo. La Iglesia, como signo del Reino, tiene que acoger cordialmente a todos. El fermento está oculto en la masa. El Reino tiene que hacerse presente en la sociedad sin buscar lugares de exhibición, privilegio o poder. Trabaja desde el interior de los corazones y de las estructuras. Es interesante notar que no somos los cristianos los que tenemos que ser levadura sino que el Reino es el fermento. Nosotros somos  anunciadores y servidores de ese Reino. Este se hace visible a través nuestro pero no somos nosotros los que transformamos la sociedad; es el Reino de Dios el único capaz de transformar la vida de los hombres. Nosotros estamos al servicio de él.

Es importante ver en las tres parábolas la dimensión dinámica del Reino: se desarrolla en el tiempo. En el juicio final, el mal será definitivamente vencido y podremos disfrutar eternamente del bien. Este es el fundamento de nuestra esperanza. 

Nos preguntamos: ¿Soy  hombre o mujer de discernimiento? ¿Comprometo mi vida al servicio del bien? ¿Ayudo a crecer a los otros en el bien? ¿Hago presente el Reino de Dios en la sociedad?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                         Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)

R. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica! R.
Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de  ti,
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque Tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas. R.

Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,
vuelve hacia mí tu rostro
y ten piedad de mí. R.

¿IDEOLOGÍA O BIEN COMÚN?

Los otros días escuché una frase que me pareció muy iluminadora para este tiempo que estamos viviendo: la ideología es un conjunto de ideas que no te dejan pensar. Quien la comentó se la atribuyó al humorista Caloi. No pude verificar si le pertenecía a él o no; lo cierto es que me pareció maravillosa.

Qué bueno que podamos sistematizar nuestros pensamientos, relacionarlos, ir construyendo el paradigma de sociedad y de país que queremos. Qué bueno que podamos poner pasión en aquello que vemos como bueno para nosotros y para los demás. Dios nos creó semejantes a Él y, por eso, con capacidad de pensar, proyectar, soñar. En el ejercicio de la democracia somos invitados a opinar, criticar, controlar, pensar alternativas, defender proyectos. Una de las peores consecuencias de una dictadura es bloquear en nosotros, sobre todo en los jóvenes, la participación en la construcción del bien común.

Ahora, no hay construcción del bien común si no partimos de un diálogo sincero y genuino. Y no hay diálogo si no hay capacidad de escuchar, de modificar postura. Una escucha empática que nos permita descubrir lo que hay de verdad en el otro, sin, por eso, renunciar a lo que nosotros vemos como verdad.

Ideologia

El peligro de la ideología es cerrarnos en un esquema de ideas que defendemos a capa y espada, sin pensar en la posibilidad de matices, alternativas, reciprocidades, complementariedades, de rearmar pensamientos. La ideología pretende convertir un conjunto de ideas en  verdad absoluta. Esto niega la posibilidad de verdad en el que piensa diferente y, por eso, menosprecia al otro como ser pensante. De ahí que la absolutización de la verdad que pretende una ideología (cualquiera de ellas) anula al que piensa distinto.

Los Obispos Latinoamericanos, reunidos en Puebla en 1979 nos dicen en los números 535 y 536 del Documento Conclusivo de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano: Toda ideología es parcial, ya que ningún grupo particular puede pretender identificar sus aspiraciones con las de la sociedad global. Una ideología será, pues, legítima si los intereses que defiende lo son y si respeta los derechos fundamentales de los demás grupos de la nación. En este sentido positivo, las ideologías aparecen como necesarias para el quehacer social, en cuanto son mediaciones para la acción. Las ideologías llevan en sí mismas la tendencia a absolutizar los intereses que defienden, la visión que proponen y la estrategia que promueven.

Eugene Ionesco (dramaturgo rumano, miembro de la Academia Francesa) decía que las ideologías nos separan, los sueños y las angustias nos unen. Esta frase me hizo pensar si este no era el camino de unidad para los argentinos. Venimos de tiempos de mucho dolor. Nuestra Patria nació dividida y a lo largo de la historia nos hemos ido atrincherando en bandos antagónicos. ¿No es la hora de recoger nuestros sufrimientos y ver que sin una auténtica amistad social nos seguiremos destruyendo como nación? ¿No es la hora de encontrarnos en nuestros sufrimientos y desde ahí convertir el dolor en una sabiduría que nos permita soñar un país diferente?

La ciencia actual le da un lugar muy destacado a las emociones. Ellas hacen a nuestra salud y a nuestras actitudes, a nuestro placer y a nuestro dolor ¿No será el momento de salir de la trinchera de nuestros pensamientos y empezar a contemplar lo que de verdad hay en el otro y en mí y, desde ahí buscar coincidencias animados por ese sueño que es común a todos: una Argentina en justicia y paz? Decía José Ortega y Gasset: Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la Hemiplejía moral.

 Diálogo

No quiero ser ingenuo. No basta el diálogo.  Hay proyectos de nación que parten de intereses económicos y de poder. En el escenario político, me parece, hay mucho de intereses personales que se anteponen al bien común. ¿Pero, es esta la realidad de la mayoría de los argentinos? No hace falta sólo dialogar, es necesario, también, retomar los auténticos valores que nos saquen del individualismo y de la construcción de una sociedad en donde lo que se busca es el marco para ganar más y con menos esfuerzo, enriquecerse a costa del dolor de los otros, sumar capital mientras una gran mayoría no tiene comida, trabajo, vivienda, salud y educación. Sin renuncia a los intereses de poder y de tener desmedido, tampoco podremos construir la nación que deseamos. No nos damos cuenta que cuando una sociedad no vive los valores que nos construyen como persona, podrán enriquecerse unos pocos pero los hijos de esos pocos seguirán viviendo en un mundo amenazado por la violencia y la muerte, en el mundo del sin sentido y de la nada, del vacío existencial, fruto del materialismo y del egoísmo, del consumismo adictivo y de la idolatría de la genitalidad. Cuando no se construye el bien común, el bien individual siempre está amenazado. La corrupción de los gobernantes, legisladores y jueces, las injusticias de todo tipo, el enriquecerse empresarial a costa del dolor del otro, las indiferencias ante el sufrimiento, una economía que no busque el bien común, la pérdida de la cultura del trabajo, la idolatría de la sexualidad y la fiebre consumista, todo esto es generador de violencia y muerte. Los valores que nos permiten crecer como personas, como ser social, cuya vida cobra sentido en función del bien común, son los que nos van a permitir construir un mundo en paz. Ya lo decía el Beato Papa Pablo VI: si quieres la paz, trabaja por la justicia. Esto implica un estado que trabaje por el bien común, una sociedad solidaria con el que sufre y una familia que forme en los auténticos valores.

 P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

XV DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo A

Mt 13,1-23

       Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces Él les habló extensamente por medio de parábolas.

    Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!» 

En el primer versículo de este capítulo  se dice que Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar,  pasa de la revelación íntima a una proclamación pública.

La semilla es la Palabra de Dios que llega a nuestras vidas, a nuestra propia tierra.

Esta es una parábola que nos anima, ya que una cosecha del 30, 60 o 100 por ciento, en una tierra agreste, era para ellos  una cosecha excelente. Estaban acostumbrados a los terrenos pedregosos y, por eso, a cosechas del 10 por ciento.

Esta parábola nos invita hoy  a escuchar la Palabra con atención cada día, sabiendo que cuando esa Palabra es escuchada con atención, echa raíces en nosotros, ilumina nuestro camino, nos hace crecer en la Fe, nos anima en la Esperanza y nos fortalece en el Amor. La Palabra de Dios es eficaz, no sólo nos ilumina, también realiza en nosotros aquello que nos revela. Como dice el libro de Isaías (55,10-11)  en la primera lectura de este domingo: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar… ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero….dice el Señor. 

Nos preguntamos: ¿Leemos cotidianamente la Palabra de Dios? ¿La meditamos, dejamos que la Palabra ilumine nuestra vida? ¿Nos dejamos transformar por ella, encontrando la fortaleza en la misma Palabra?

¡Un bendecido domingo!

El sembrador-Van Gogh otro