Mt 25. 14-30

“Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”.

“Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido un solo talento. “Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!”. Pero el señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Palabra del Señor. 

Jesús continúa enseñando que debemos estar vigilantes ante la llegada del Reino, el domingo pasado nos mostró el aspecto festivo de esa llegada, ahora nos hace saber que existe una responsabilidad de trabajar para que a su llegada entreguemos frutos obtenidos de la utilización de los dones que nos ha dado.

El relato dice que al repartir el dinero dio a cada uno distintas cantidades. Los servidores conociéndolo buscaron la manera de multiplicar el dinero recibido en custodia, menos uno que, por temor, no quiso arriesgarse y escondió lo recibido para devolverlo intacto.

Cuando el hombre regresó, reclamó su dinero y las ganancias, tal como los dos primeros servidores supusieron que obraría, así éstos le entregaron el dinero y las ganancias obtenidas, recibiendo una felicitación y el pase a participar del gozo de su señor, el banquete con el cual el patrón celebra su regreso, más la promesa de que se le encargará mucho más. Pero el que recibió menos, el que dice saber conocerlo y lo define como un hombre exigente y avaro confiesa su temor y devuelve el talento recibido intacto, tal como lo recibió.

Desde nuestra perspectiva cabría también una felicitación ya que haber conservado lo que recibió puede ser visto como un mérito en sí mismo. Pero, este servidor es juzgado precisamente por sus mismas palabras, “si sabías… tendrías que haber colocado el dinero en el banco, … así lo hubiera recuperado con intereses”. Y, además de ser reprendido es castigado.

De esta manera Jesús se dirige a los que buscan custodiar los dones recibidos de parte de Dios, y se sienten orgullosos por mantenerlos intactos. Pero por la parábola entendemos que los dones que se nos han confiado, los recibimos para hacerlos producir, si los guardamos celosamente no estamos obrando bien, cuando el Señor venga nos pedirá cuenta sobre lo que hemos hecho con los dones recibidos.

Todos hemos recibido talentos, en mayor o menor medida, cada uno con la ayuda del Espíritu Santo debe buscar la manera de hacerlos producir. No debemos esconder esos dones detrás del velo de una falsa humildad diciendo que no somos capaces de hacer esto o aquello, es verdad no todos tenemos las mismas capacidades, pero alguna capacidad tenemos y está para ponerla al servicio de los demás. Es importante saber reconocer los talentos que Dios nos dio, para así “invertirlos” y hacerlos crecer.

Jesús nos dice que a todos se nos pedirá cuenta del modo como hemos utilizado los bienes que nos ha dado, y nos pedirá los frutos, advirtiéndonos que si le devolvemos exactamente lo mismo que nos ha dado se nos quitará lo que se nos confió y seremos privados de participar del gozo del Señor.

Esta parábola es una invitación a preguntarnos:

¿Qué talentos me ha dado Dios?

¿Qué estoy haciendo con esos talentos?

 

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

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COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXIII  domingo durante el año

CICLO A

19 de noviembre de 2017

Parabola de los Talentos

La parábola de los Talentos. S. XVII. Willem de Poorter  Óleo sobre lienzo
Galería Nacional de Praga , Praga, República Checa

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        25, 14-30

“Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”.

“Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Llegó luego el que había recibido un solo talento. “Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!”. Pero el señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

Palabra del Señor.

 

Jesús continúa enseñando que debemos estar vigilantes ante la llegada del Reino, el domingo pasado nos mostró el aspecto festivo de esa llegada, ahora nos hace saber que existe una responsabilidad de trabajar para que a su llegada entreguemos frutos obtenidos de la utilización de los dones que nos ha dado.

A través de esta parábola, donde un hombre rico decide dar en custodia sus bienes mientras se va de viaje, definido por sus mismos servidores como un severo y ambicioso, que pretende ganancias aún dónde no ha sembrado.

El relato dice que al repartir no dio la misma cantidad de dinero a todos, sino que a unos más y a otros menos, tampoco les dio la orden de hacerlo producir. Pero parece que los servidores conociéndolo buscaron la manera de multiplicar el dinero recibido en custodia, menos uno que, por temor, no quiso arriesgarse y escondió lo recibido para devolverlo intacto.

Para tener una idea del dinero entregado, un talento es el equivalente a seis mil monedas de plata, una moneda de plata es un denario, el valor de una jornada de trabajo. Es decir que al que le dio cinco talentos le dio treinta mil monedas de plata.

Cuando el hombre regresa, sucede que reclama su dinero y las ganancias, tal como los dos primeros servidores supusieron que obraría, así éstos le entregaron el dinero y las ganancias obtenidas, recibiendo una felicitación y el pase a participar del gozo de su señor, el banquete con el cual el patrón celebra su regreso, más la promesa de que se le encargará mucho más. Pero justamente el que recibió menos, el que dice saber conocerlo y lo define justamente como un hombre exigente y avaro confiesa su temor y devuelve el talento recibido intacto, tal como lo recibió, ni más ni menos.

Desde nuestra perspectiva cabría también una felicitación ya que haber conservado lo que recibió puede ser visto como un mérito en sí mismo. Pero en la parábola, este servidor es juzgado precisamente por sus mismas palabras, “si sabías… tendrías que haber colocado el dinero en el banco, … así lo hubiera recuperado con intereses”. Y, además de ser reprendido es castigado.

De esta manera Jesús se dirige a los que buscan custodiar los dones recibidos de parte de Dios, y se sienten orgullosos por mantenerlos intactos. Pero por la parábola entendemos que los dones que se nos han confiado, los recibimos para hacerlos producir, si los guardamos celosamente no estamos obrando bien, cuando el Señor venga nos pedirá cuenta sobre lo que hemos hecho con los dones recibidos.

Todos hemos recibido talentos, en mayor o menor medida, cada uno con la ayuda del Espíritu Santo debe buscar la manera de hacerlos producir. No debemos esconder esos dones detrás del velo de una falsa humildad diciendo que no somos capaces de hacer esto o aquello, es verdad no todos tenemos las mismas capacidades, pero alguna capacidad tenemos y está para ponerla al servicio de los demás. Es importante saber reconocer los talentos que Dios nos dio, para así “invertirlos” y hacerlos crecer.

Si bien la parábola se proclama a todos los que formamos parte del Pueblo de Dios, no deja de ser un llamado de atención a los pastores de la Iglesia, a quienes se nos ha confiado el tesoro de los sacramentos, para ser dispensadores de los mismos. A veces, como el que recibió un talento, nos escudamos en las normas haciendo una interpretación estricta y al mismo tiempo errada, incluso agregando más de lo que la norma dice, para no arriesgar temiendo perder lo que se nos ha confiado.

Pero hoy Jesús nos dice que a todos se nos pedirá cuenta del modo como hemos utilizado los bienes que nos ha dado, y nos pedirá los frutos, advirtiéndonos que si le devolvemos exactamente lo mismo que nos ha dado se nos quitará lo que se nos confió y seremos privados de participar del gozo del Señor.

 

Esta parábola es una invitación a preguntarnos:
¿Qué talentos me ha dado Dios?
¿Qué estoy haciendo con esos talentos?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 127, 1-5 

R. ¡Feliz quien ama al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien. R.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! R.

 

 

XXXII domingo durante el año CICLO A

Mt 25, 1-13

“Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?”. Pero estas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

 Palabra del Señor.

Así como la figura de la novia fue utilizada en el Antiguo Testamento para representar a Israel, en el Nuevo Testamento se utiliza para representar a la Iglesia (nuevo Pueblo de Dios), y el banquete de bodas hace alusión a la felicidad plena y definitiva del Reino de Dios.

En la parábola, Jesús dice que eran diez jóvenes, cinco prudentes y cinco necias, prudencia y necedad son dos cualidades a las que se hace referencia con mucha frecuencia en la literatura sapiencial. Quien vive y obra de acuerdo con la instrucción dada por la Sabiduría divina es el sabio y prudente.

El esposo ha llegado a media noche, las jóvenes están dormidas. A la alerta dada, las cinco prudentes preparan sus lámparas, con el aceite que llevaron precavidamente como para que las lámparas no se apaguen. Las cinco necias, no fueron tan precavidas y sólo tenían sus lámparas preparadas para las primeras horas, no consideraron que el esposo podía llegar a altas horas de la noche, así es que cuando dan el aviso sus lámparas ya se están apagando. Mientras están ocupadas en encontrar un lugar dónde comprar el aceite, el esposo ha llegado y han cumplido con esta parte de la fiesta de bodas, las jóvenes que estaban preparadas ingresaron a la sala nupcial, la puerta ya se ha cerrado y no se volverá a abrir, es inútil insistir.

Esa vigilancia, no es otra cosa que cumplir bien con el oficio o ministerio que hemos recibido, dar frutos de acuerdo a los talentos recibidos, servir al prójimo ante la necesidad. No es más ni menos que vivir cada día de la mejor manera posible nuestra vocación cristiana, teniendo presente que el Señor viene constantemente a nosotros.

Podemos estar, “dormidos”, distraídos en otras cosas, pero sin dejar de estar preparados. Es decir, que ante las situaciones que se nos pueden presentar a lo largo del día, sabremos dar la mejor respuesta posible.

Una vez que llega el Esposo, el tiempo de los preparativos ha terminado, ya es demasiado tarde para buscar lo que no se adquirió antes, y las disposiciones que unos tienen no se pueden transmitir ni prestar en esa hora.

La entrada a la fiesta de bodas indica la llegada de la felicidad eterna, es la plenitud de la alianza.

Esta realidad será un día, no sabemos cuándo pero ya ha comenzado con la resurrección de Jesús, y nosotros comenzamos a gozarlo a partir del bautismo, y cada día se va acrecentando. En la celebración eucarística, la Iglesia, Esposa, proclama el triunfo del Esposo, Cristo, y le pide que venga.

De esta manera, el Señor nos invita a estar preparados para esa venida definitiva, estando vigilantes, atentos a sus pequeñas venidas en el día a día. Cuando los cristianos realizamos obras de caridad, no lo hacemos por simple filantropía, sino porque en el otro está Cristo presente, a veces tan desfigurado que ni aspecto humano tiene.

La prudencia de la que habla Jesús en la parábola, no es la simple prudencia humana, sino la que se adquiere cuando nos dejamos instruir por la Sabiduría de Dios, que se ha manifestado a los hombres a través de la Palabra.

Cuando configuramos nuestra vida a través de la escucha y meditación de la Palabra de Dios, y la ponemos en práctica, nos vamos haciendo sabios y prudentes, y nos vamos “capacitando” para entrar al banquete del Reino, esta es la condición que tienen las jóvenes que entraron a la fiesta de bodas. Desde el momento que nacemos, estamos invitados al banquete eterno, nos toca a cada uno capacitarnos para entrar cuando llegue la hora, ya que no basta con estar invitados.

Un bendecido domingo para todos.

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

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COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXII  domingo durante el año

CICLO A

12 de noviembre de 2017

Parábola de las vírgenes sabias y necias

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo      25, 1-13 

    “Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, 4 mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?”. Pero estas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

 Palabra del Señor.

 

Estamos muy cerca del fin del ciclo litúrgico, la liturgia en este domingo y en el próximo insistirá en la actitud de vigilancia ante la llegada del Reino, para en el último domingo del ciclo, solemnidad de Cristo Rey, presentarnos el cuadro del juicio final, dónde cada uno será juzgado según sus obras. De este modo en estos tres domingos se proclamará en su totalidad el capítulo 25 del evangelio según san Mateo.

Sin perder de vista el final, contemplemos este pasaje del Evangelio.

Así como la figura de la novia fue utilizada en el Antiguo Testamento para representar a Israel, en el Nuevo Testamento se utiliza para representar a la Iglesia (nuevo Pueblo de Dios), y el banquete de bodas hace alusión a la felicidad plena y definitiva del Reino de Dios.

De acuerdo a las costumbres de la época y cultura de Jesús, en la noche de la fiesta de bodas, el esposo se dirige a la casa de la novia para llevarla al nuevo hogar. Para ello el novio viene acompañado por sus amigos, y la novia sale con el cortejo de sus amigas, y se forma así una procesión festiva en la que por la oscuridad de la noche es necesario ir iluminados con lámparas.

En la parábola, Jesús dice que eran diez jóvenes, cinco prudentes y cinco necias, prudencia y necedad son dos cualidades a las que se hace referencia con mucha frecuencia en la literatura sapiencial. Quien vive y obra de acuerdo con la instrucción dada por la Sabiduría divina es el sabio y prudente, mientras que quien no lo hace es el impío, el necio, así como el sabio y prudente llegará a la felicidad y adquirirá inmortalidad, el necio nunca logrará estos beneficios y su fin es la destrucción.

El esposo ha llegado a media noche, las jóvenes están dormidas. A la alerta dada, las cinco prudentes preparan sus lámparas, con el aceite que llevaron precavidamente como para que las lámparas no se apaguen. Las cinco necias, no fueron tan precavidas y sólo tenían sus lámparas preparadas para las primeras horas, no consideraron que el esposo podía llegar a altas horas de la noche, así es que cuando dan el aviso sus lámparas ya se están apagando. Mientras están ocupadas en encontrar un lugar dónde comprar el aceite, el esposo ha llegado y han cumplido con esta parte de la fiesta de bodas, las jóvenes que estaban preparadas ingresaron a la sala nupcial, la puerta ya se ha cerrado y no se volverá a abrir, es inútil insistir.

Para el evangelista Mateo, la figura del esposo está ligada a la enseñanza de la venida del Señor para instaurar definitivamente el Reino de los cielos, también nos enseña que para esa venida hay que estar preparados, del mismo modo nos dice también que esa venida ya comenzó con la resurrección de Jesús. A partir de ese momento, el Señor está viniendo todos los días y el Reino se va haciendo presente.

Para entender de que se trata esa vigilancia, debemos mirar atentamente las parábolas a las que se hace referencia sobre esta actitud, y veremos que no es otra cosa que cumplir bien con el oficio o ministerio que hemos recibido, dar frutos de acuerdo a los talentos dados, servir al prójimo ante la necesidad. No es más ni menos que vivir cada día de la mejor manera posible nuestra vocación cristiana, teniendo presente que el Señor viene constantemente a nosotros.

Así como las jóvenes se han dormido, también nosotros podemos estar, “dormidos”, distraídos en otras cosas, pero sin dejar de estar preparados. Es decir, que ante las situaciones que se nos pueden presentar a lo largo del día, sabremos dar la mejor respuesta posible, esas situaciones que se dan muchas veces sin que las busquemos las describe Jesús cuando habla del juicio (último domingo del ciclo A).

Por supuesto que las parábolas no debemos leerlas buscando una respuesta a todo en cada una de ellas, sino que debemos encontrar el sentido por el cual fue dicha, en ellas se exageran ciertos aspectos para evidenciar lo que se quiere transmitir. Cuando las jóvenes necias piden a las prudentes que les compartan el aceite, la respuesta de éstas parece de una total falta de caridad, al leer esperaríamos una mayor comprensión, a media noche es difícil que encuentren un lugar dónde comprar.

Lo que se quiere significar es que una vez que llega el Esposo, el tiempo de los preparativos ha terminado, ya es demasiado tarde para buscar lo que no se adquirió antes, y las disposiciones que unos tienen no se pueden transmitir ni prestar en esa hora.

La entrada a la fiesta de bodas indica la llegada de la felicidad eterna, es la plenitud de la alianza.

Esta realidad será un día, no sabemos cuándo pero ya ha comenzado con la resurrección de Jesús, y nosotros comenzamos a gozarlo a partir del bautismo, y cada día se va acrecentando. En la celebración eucarística, la Iglesia, Esposa, proclama el triunfo del Esposo, Cristo, y le pide que venga.

De esta manera, el Señor nos invita a estar preparados para esa venida definitiva, estando vigilantes, atentos a sus pequeñas venidas en el día a día. Cuando los cristianos realizamos obras de caridad, no lo hacemos por simple filantropía, sino porque en el otro está Cristo presente, a veces tan desfigurado que ni aspecto humano tiene.

La prudencia de la que habla Jesús en la parábola, no es la simple prudencia humana, sino la que se adquiere cuando nos dejamos instruir por la Sabiduría de Dios, que se ha manifestado a los hombres a través de la Palabra, la que se manifiesta desde el primer versículo del Génesis hasta el último versículo del Apocalipsis. Cuando configuramos nuestra vida a través de la escucha y meditación de la Palabra de Dios, y la ponemos en práctica, nos vamos haciendo sabios y prudentes, y nos vamos “capacitando” para entrar al banquete del Reino, esta es la condición que tienen las jóvenes que entraron a la fiesta de bodas. Desde el momento que nacemos, estamos invitados al banquete eterno, nos toca a cada uno capacitarnos para entrar cuando llegue la hora, ya que no basta con estar invitados.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 62,2.3-4.5-6.7-8 
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansía de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas
canto con júbilo. R/.

XXXI domingo durante el año CICLO A

Mt 23, 1-12 

    “Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado».”

 Palabra del Señor.

Jesús denuncia ciertos errores de los hombres religiosos de su tiempo y advierte a sus discípulos para que no caigan en lo mismo.

Todos estamos expuestos a la misma tentación, por eso debemos revisar nuestras prácticas religiosas a la luz del Evangelio. ¿Qué es lo que me motiva? ¿mi amor a Dios, o el deseo de ser visto para enrostrar a los demás que estoy por encima de ellos?

Lo mismo sucede con los primeros puestos. Jesús no está en contra de que ocupemos el primer puesto, alguien debe ocuparlo, pero nos advierte sobre la actitud negativa de pretender ocupar lugares, porque son destacados, sólo para sentirnos superiores a los demás, y no sólo sentirlo, sino que hacerlo notar. ¡Cuánto daño hace a quien tiene esta actitud! Y ¡Cuánto daño puede hacer a los demás! Especialmente si desde ese lugar se ejerce la autoridad. El ansia de domino se da también entre los miembros de la comunidad cristiana, nuestro fundador, san Vicente Pallotti, decía: “el espíritu de dominio es la peste de la Sociedad (1)”. Cuántas comunidades se desintegran, o se han vuelto estériles porque en ellas entró el espíritu de dominio provocando que dejen de ser un testimonio evangélico, impidiendo que el mundo “vea y crea”.

En otra oportunidad, Jesús ha dicho, que quien quiere ocupar el primer lugar que se haga servidor de los demás, de este modo entendemos que hay un primer puesto que debemos aspirar, el del servicio desinteresado a nuestros hermanos.

¡Un bendecido domingo a todos!

 

(1) Al decir Sociedad, se refería a la Sociedad del Apostolado Católico, nombre de la congregación que fundó.

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